EL ATRIL
Por: Isabel Rezmo
Henri Matisse y Pablo Picasso son , sin lugar a dudas, dos referentes mundiales del arte contemporáneo, dos iconos inmortales que marcaron un antes y un después en la historia del arte con sus sellos personales y perfectamente reconocibles.
En 1947, Aimé Maeght, un comerciante de arte francés, y André Breton, incluyeron las obras de Baya Mahieddine (1931-1988) en la Exposition Internationale du Surréalisme de la Galerie Maeght en París.
Los cuadros de la que por aquel entonces era una adolescente de 16 años, llamaron poderosamente la atención de Picasso y Matisse, entre otros artistas destacados, por sus composiciones coloridas, espontáneas e “infantiles”.
Sabemos que Picasso popularizó su frase ‘Me tomó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño’, así que es lógico que se quedara prendado con el arte de Baya en el que a través del gouache representa un mundo sin hombres pero lleno de imágenes brillantes de mujeres, naturaleza y animales.
Baya Mahieddine , Completamente autodidacta, trabajó la pintura, y en menor medida, la cerámica.

Nacida en 1931 en Fort de l’Eau (actual Bordj El Kiffan), fue huérfana a los cinco años y fue criada por su abuela. a quien ayuda en su trabajo en una granja hortícola de colonos. En 1943, Marguerite Caminat, pintora y hermana del dueño de la granja, la llevó a su casa en Argel para prestar servicios domésticos en una casa cuyas flores y pájaros la deslumbran. Se convirtió en su protectora, Caminat le proporcionó una residencia, material de arte y palabras de apoyo a su arte. Accedió a magnates del arte franceses y magrebíes. Desde ese momento, Baya mezcla colores y composiciones vibrantes que plasma con un trazo suelto y lleno de imaginación
En 1947, Caminat, que estaba bien conectada en el mundo literario y artístico, recibió la visita de un comerciante de arte francés, Aimé Maeght, quien, más tarde ese año, presentó el trabajo de Baya, de dieciséis años, en la Exposition Internationale du Surréalisme de la Galerie Maeght en París, donde ganó la atención de artistas de renombre como Pablo Picasso y André Breton, quién escribió el prefacio del catálogo de esta exposición. Después de su estancia en París, vivió en Vallauris, donde trabajó en cerámica y conoció a Picasso, quien quedó muy impresionado por su obra. Su obra se presentó en varias exposiciones en Francia y Argelia y sus obras fueron reproducidas en los sellos postales de Argelia.
Baya luego comienza a modelar personajes fantásticos o animales en arcilla y se le anima a hacer gouaches que el escultor Jean Peyrissac le muestra a Aimé Maeght, que estaba pasando por Argel en 1943.
En 1947, Maeght organizó una exposición en París en su galería. André Breton es el prefacio del catálogo. Ha sido muy exitoso. La revista Vogue publica la foto de Baya, que tenía solo dieciséis años, con un artículo de Edmonde Charles-Roux. Baya descubre París y conoce al pintor Georges Braque. En 1949 realizó esculturas de cerámica en Vallauris en el taller de Madoura y conocio a Picasso. Ambos se profesaban una admiración mutua: Pasamos una época deliciosa trabajando juntos –contaba Baya-. Nuestros estudios estaban pared con pared. Nos encantaba charlar. A veces comíamos couscous. Picasso reconocería este tiempo con Baya en Madoura como una de sus inspiraciones para Les Femmes d’Alger (1954–55).

Baya regresó a Argelia y en 1953 se casó con el músico El Hadj Mahfoud Mahieddine, en un matrimonio concertado. No pintó entre 1953 y 1963, años que coincidieron con la Guerra de Argelia. Durante estos años dio a luz seis hijos.
En 1963, Baya participó en la exposición de pintores argelinos organizada para el 1 de noviembre presentada por Jean Sénac. El museo de Argel adquiere (gratuitamente) y exhibe sus antiguas obras. Gracias al estímulo de Mireille y Jean de Maisonseul, curadora del Museo, reanuda sus pinceles y no deja de hacer grandes trabajos en papel que posteriormente se exhibirán regularmente en Argelia (Argel, Tizi Ouzou, Annaba), en Francia ( París y Marsella), en Bélgica (Bruselas) y en el mundo árabe. Varios de ellos se conservan en la Colección Lausana de Arte Brut.
Baya es integrante con Aksouh, Benanteur, Guermaz, Issiakhem, Bel Bahar, Khadda y Mesli, de la «generación de 1930» (todos estos pintores nacidos alrededor de este año) que, después de los precursores de la década de 1920, fueron Los fundadores del arte pictórico argelino moderno.
Se mantuvo activa hasta su muerte el 9 de noviembre de 1998

Baya pintó a menudo siluetas de mujeres y sus ropas, cinturones y velos, figuras enigmática de su madre y diferentes objetos domésticos. Los objetos que rodean a estas damas están desprovistos de cualquier sombra. Las obras de arte de Baya parecen recrear en gran medida una comunidad de mujeres vibrante y alegre, en un mundo sin hombres.
Los colores vibrantes y los contornos sinuosos de las figuras en sus gouaches (como técnica, ‘a la aguada’ consiste en diluir los colores en agua, para crear una escala de tonos bien monocromos o bien policromos. En función de los pigmentos utilizados, se mezcla con diversos aglutinantes, como goma, cola o miel.) ofrecen representaciones únicas de la flora y la fauna, y retratan animales inusuales como conejos voladores y pájaros del tamaño de camellos, de un tipo que podrían surgir de las historias de Scheherezade de Las mil y una noches.
Los colores atrevidos y las figuras extrañas de sus obras revelaron cualidades surrealistas y oníricas, que inspiraron a artistas como Georges Braque y Picasso. Breton definió su obra como surrealismo, visión que fue ampliamente sostenida durante mucho tiempo.El elogio que Breton hizo de Baya, lo expresó en su ensayo de 1947, Baya.

En 1994, su obra fue exhibida en Forces of Change, una exposición dedicada a mujeres artistas árabes que se realizó en el Museo Nacional de Mujeres Artistas de Washington
En 2018, se creó un Doodle de Google para celebrar su 87 cumpleaños. Este mismo año, se le dedicó la exposición, Baya: Woman of Algiers, la primera en Estados Unidos, en la Grey Art Gallery de la Universidad de Nueva York.
Más tarde, en 2021, el Museo de arte de Sharjah de los Emiratos Árabes Unidos, presentó una restropectiva de su obra, con unas 70 piezas.En 2023, el Instituto del Mundo Árabe de París, le dedicó la exposición Baya, icône de la peinture algérienne. Femmes en leur Jardin. Mismo año en el que el Instituto Cervantes de Argel, con motivo de la celebración del cincuenta aniversario de la muerte de Picasso, realizó una presentación teatralizada de los recorridos artísticos de Picasso y de Baya, para rendir un homenaje a ambas figuras.

Su obra fue exhibida en la Bienal de Venecia, en 2022 y en la 60.º edición de 2024. En 2024, el Museo de Arte Moderno de Tarragona, dedicó la exposición L’ocell canta. Baya pinta…, en la que se mostraron sus dibujos y piezas de cerámica.
La escritora Alice Kaplan, publicó en 2024, Seeing Baya: Portrait of an Algerian Artist in Paris, la primera biografía sobre la figura de Baya.
La pintura figurativa de Baya habla de la mujer y representa encantadoras escenas de encuentro con la naturaleza. Mujeres de grandes ojos rasgados que transpiran fortaleza y libertad, ataviadas con vestidos deslumbrantes, rodeadas de peces, flores, pájaros, árboles, vasijas o instrumentos musicales, confundiéndose con ellos. Mantiene a todo lo largo de su carrera su estilo personal sin apenas variaciones; una constancia formal que la aleja de otros pintores contemporáneos argelinos que, influenciados por un efecto de colonización artística, habían asumido la estética occidental y se inclinaban hacia la abstracción y el fauvismo.
Los estudios sobre la pintura de Baya se repiten unos a otros, con un eco de orientalismo suscitado por los artistas y la crítica de su tiempo, interesados, tras la debacle de la segunda guerra mundial y la crisis del colonialismo, en el arte y la artesanía fuera de Europa. Su arte ha sido vinculado al surrealismo y al modernismo, al primitivismo y al arte naïve como una justificación occidental del estilo personal de Baya, el llamado bayaísmo. Sólo uno, de Sana` Makhouln, considera lúcidamente su obra como una adaptación espontánea de su tradición artística nativa, árabo-bereber, influida por la transculturalidad -bereber, árabe, otomana, francesa-, entre lo místico y lo pagano, lo convencional y lo transgresor, lo puritano y lo sensual. Un arte repetitivo y detallado, lleno de color, emparentado con los motivos propios de las alfombras, telas, jardines y arquitectura orientales; similar a las pinturas murales con que las mujeres adornan las casas en el norte de África.

Es un misterio la obra de Baya. Enigmática su firma, una mezcla inventada de caracteres medio-árabes, medio-latinos que no se corresponden con sistema gráfico alguno. Baya no solo se niega a firmar sus obras con alfabetos conocidos, sino que tiene la osadía de inventarse un idioma ilegible, dando la ilusión de legibilidad, pero en realidad es ilegible, una firma pictográfica que se mueve entre lo caligráfico y la vegetal: un sello de princesa.
Es un misterio su vida: ¿por qué Baya, a pesar de haber sido adoptada, nunca fue a la escuela? ¿por qué fue exotizada por los artistas de su época en lugar de ser incorporada realmente a su entorno?¿fue su vuelta a Argelia una forma de exilio?¿su matrimonio una cárcel?¿fue un espíritu libre o una víctima sucesiva de diferentes formas de patriarcado? Poco sabemos en el fondo de ella. Solo que su arte está lleno de luz y que, como escribía André Breton en 1947:

Baya est reine.
“Baya es la hermana de Scheherazade. Scheherazade, la tejedora de palabras que aleja la muerte. Scherezade, esta otra mujer que fabrica para compensar su reclusión. Así que aquí estamos en la historia, con sus universos maravillosos (título de una obra de 1968). Baya deroga las formas, las clasificaciones y las dimensiones: el pájaro se estira y se convierte en una serpiente, los árboles y las cabañas crecen torcidos, los jarrones se ramifican, se convierten en colas o abubillas de pájaros. En este tipo de pueblo de origen donde se enredan chozas, árboles y pájaros, los paisajes y los objetos se bañan en la forma y la libertad del mundo placentario. No se permite ningún centro de gravedad. Todos los esfuerzos del artista están orientados a encontrar una especie de armonía prenatal que el descubrimiento del mundo normalizado, marcado y angular nos hizo perder «.
André Breton, en Baya, Derrière le Miroir, Galerie Maeght, París, noviembre de 1947
En las pinturas de Baya, según Breton, había una luz optimista que el occidente colonizador, drogado por su poderío miliar y anclado en su orgullosa pulsión por dominar y matar, había perdido. La obra de Baya conecta con todo aquel capaz de dejar atrás el racionalismo y creer en la liberación del mundo. Es una obra pictórica de inspiración fresca y osada, capaz de abrir los ojos del imaginario europeo atrapado en su propia racionalidad. La puerta de acceso a la memoria simbólica bereber y al fluir lleno de afecto de la infancia.
Se puede encontrar un grupo de obras de Baya en la Colección Mathaf: Museo Árabe de Arte Moderno de Doha
París, Institut du monde arabe: La Dame aux roses, 1966, gouache sobre papel, 100 × 160 cm.
Argel:
Museo Nacional de Bellas Artes de Argel: mujer con palmera
Museo Público Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Argel
Lausana, Colección de arte brut: sin título, entre 1947 y 1953, gouache sobre papel, 65 × 50 cm.
Bamako, Museo Nacional de Mali
Washington D.C., Embajada de Argelia en los Estados Unidos