LIBRO ESENCIAL
Por: Isabel Rezmo

Acto de Fé y de Resiliencia.
«No me importa morir mañana. He vivido, en toda la extensión de la palabra»
Freddie Mercury
Bajar a la tierra y vivir no es una tarea sencilla. Luego, impostar una mirada concreta tampoco. Es la dicotomía de ser a la vez poeta y persona. A veces el territorio de uno y de otro se enquista en la mente y en las acciones, y esto trae una consecuencia importante: Estamos expuestos a los avatares del destino, a la erosión de las experiencias y condenados o no, por nuestras emociones.
Esa condena es también un proceso de aprendizaje, un sinfín de posibilidades ante las cuales, mi yo poeta, se define y la mirada que se crea absorbe lo vivido. Para el lector, es una ventana abierta, puesto que la lectura conecta con nuestra experiencia vital, nuestros problemas, nuestra vida.
Cuando Jesualdo Jiménez de Cisneros me mandó este poemario: «Así Freddie Mercury baje del cielo”-Editorial Esdrújula; con un título tan metafórico, pensé muchos días sobre su significado. Para el autor, no se refiere directamente a Freddie Mercury, sino que usa la imagen como una metáfora para hablar de la importancia de la acción en lugar de la espera pasiva.
En este poemario deja claro cómo las situaciones, no suceden por sí solas sin tomar medidas o involucrarse activamente. Hablamos de aprendizajes, de caídas, de la vulnerabilidad, de aceptar los errores. Nada ni nadie viene a salvarnos. Y caemos en el error. Se espera que otros o las circunstancias externas, resuelvan los problemas o cumplan los deseos; un tiempo vacío y a menudo frustrante, en lugar de una fase productiva; una sensación de desesperanza, como si no hubiera nada que se pudiera hacer.
En estos tiempos
en los que la belleza
ha dejado de ser una idea abstracta,
y la duda,
tan solo el preludio de una certeza,
ordeno aquellas cosas
que realmente importan,
brindándoles el sosiego
que les debo en medio de este caos,
como quien enciende una lámpara
al borde del derrumbe.

Somos la memoria de lo que hicimos, porque el ser humano es acción y reacción. Pero los avatares nos infunden a veces esa sensación de negación, y luego pasar de puntillas sobre sus efectos, porque a veces duele, o te corrompe, te suicida.
«Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.» — Jorge Luis Borges, Cambridge, Elogio de la sombra (1969).
Jesualdo es también un poeta vinculado a la música, y es que la música es también poesía, es también sabiduría, vivencias… Ese guiño está en este libro, lleno de sorpresas, lleno de certidumbre, de nostalgia, de vida y de llamadas.
Lo que más me motiva a insistir en su lectura es ese aspecto de llamada. Una llamada de atención, de que todo lo que nos ocurre, ocurre por algo. Y nuestra valentía es mirar de frente: cara a cara.
La valentía no es una virtud que se defina por saber maniobrar frente a las batallas, si no de aprender de las derrotas y cómo esas derrotas nos ayudan a ser mejor persona.
Fueron tantas las ocasiones
en las que estuve a punto de pedir
que dijeras que todo esto
no estaba sucediendo.
Tantas en las que
ni el silencio de tus ojos
pudo convencerme de que no era real
Poemas duros, poemas viscerales. Poemas espejo, poemas muy reflexivos, didácticos y terapeúticos. Poemas que hablan del dolor y de una reconstrucción personal. Poemas que se centran en la ira, la tristeza, la sensación de derrota o la impotencia que surgen cuando las expectativas no se cumplen. Poesía que celebra el esfuerzo continuo a pesar de los fracasos, el mantener la esperanza y el continuar adelante, incluso cuando las cosas son difíciles. Poemas que encuentran un propósito o lección en la frustración, transformando la experiencia en una fuente de crecimiento personal.
A través de ellos pasamos por un proceso de culpa, conversión, de aceptación. Es una mística de la transfiguración: un faro en medio del sufrimiento, un camino para la transformación personal. Una necesidad personal de cambiar radicalmente nuestra mirada frente al mundo y las experiencias.
Observa y extrae su enseñanza. Mira a través de este libro y entiende la vida tal como es. Y no esperes, no provoques al tiempo, no lo fustigues. El problema de la herida es que cuando se solidifica, es muy difícil limpiarla, y que cicatrice bien. Y es más sencillo si decidimos “tolerar” la frustración; que permita encontrar la solución y remontar cuanto antes.
Este libro quiere mostrar que el sentimiento de la derrota es un bien personal y común cuando lo aceptamos como proceso de reparación y de resiliencia.
El libro dividido en tres partes, configuran una temática concreta en cada una de ellas. La primera sería la más oscura. El poeta está masacrado por sus batallas, por sus miserias, su miedo o el dolor. En la segunda parte se acepta la herida, y se quema todas las naves para repararla (maravilloso poema que cierra este bloque; sutil, metafórico, suave y nítido). Y el último, el luminoso, el incandescente el que recompone todo el puzle y surge simbólicamente, la verdad en su pureza. Abre el último bloque magníficamente con estos versos:
El poeta nunca muere
Tan solo yace herido
Sobre la tinta de un último verso.
Ni todos los dioses tienen que bajar del Olimpo o de los altares, para cambiar nuestra existencia. Ni el mismísimo Freddie Mercury bajará de los cielos a ofrecernos la varita mágica para solucionar todos los problemas.
El cambio, la fortaleza, esperan despertar en nuestras acciones. Está en la música, y en la poesía. Está en nosotros mismos.

Así Freddie Mercury baje del cielo
Jesualdo Jiménez de Cisneros
Esdrújula Ediciones / Colección Vorágine
ISBN979-13-991064-4-2