EL ATRIL
Por: Isabel Rezmo

Considerado uno de los grandes representantes del surrealismo, la obra de Matta se caracteriza por la representación de un universo cosmológico único y está plagada de morfologías y representaciones pictóricas de un imaginario sumamente personal.
Arquitecto de formación, Roberto Sebastián Antonio Matta se inició en la pintura de forma autodidacta y se adscribió a la corriente surrealista.
Nació en Santiago de Chile en 1911 en el seno de una familia de origen vasco-francés. y se radicó en diversos países a lo largo de su vida, participando activamente en el movimiento surrealista europeo. Su obra combinó elementos cósmicos y oníricos, integrando aspectos de la ciencia, la naturaleza y el subconsciente humano. Diplomado en Arquitectura en 1932, ejerce su profesión en esta misma ciudad durante un año, período tras el cual decide abandonarlo todo emprendiendo su viaje a Europa.
En 1931 Matta viajó desde su natal Santiago de Chile a París para trabajar en el taller de Le Corbusier. En 1934 visitó España y conoció a Federico García Lorca y a Salvador Dalí. Durante estos años también viajó a los países escandinavos, donde estableció contacto con Alvar Aalto, a Rusia y a Londres, lugar en el que trabajó brevemente con Walter Gropius y László Moholy-Nagy. En 1937 colaboró con Josep Lluís Sert y Luis Lacasa en la concepción del Pabellón de la República Española en la Exposition Internationale de París, donde el Guernica de Picasso le produjo un gran impacto. Aquel mismo año conoció a André Breton, que se había mostrado interesado por sus dibujos, que evocaban paisajes de calidades subjetivas y fantásticas. En 1938 fue invitado a participar en la Exposition Internationale du Surréalisme y permaneció ligado al grupo surrealista hasta que fue expulsado del mismo diez años después.
En 1936 se instala en Londres, donde trabajó como arquitecto y se relacionó con artistas e intelectuales como Henry Moore, René Magritte y Roland Penrose. Toma contacto por primera vez con las teorías estéticas de Marcel Duchamp y su concepto de la espacialidad. Este mismo año estalla la Guerra Civil en España, acontecimiento que le marcará especialmente tras conocer las circunstancias y la muerte de García Lorca.
Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939, Matta se trasladó a Nueva York y pronto comenzó a relacionarse con Jackson Pollock, Arshile Gorky y Mark Rothko. Sus obras fueron expuestas en 1942 en la Pierre Matisse Gallery, donde fueron admiradas por los jóvenes artistas norteamericanos. Durante 1941 viajó a México y conoció la obra de los muralistas mexicanos. Como consecuencia sus obras aumentaron de formato, influyendo también en esto a sus amigos estadounidenses. Finalmente, con el comienzo de la Guerra Fría, retornó a Europa en 1948 y vivió entre París y Roma. En 1969 adquirió la nacionalidad francesa, y tras residir en Chile durante el Gobierno de Salvador Allende, pasó sus últimos años entre París y Tarquinia.
Su presencia en París en 1937 determina la inclusión en el grupo surrealista: el estrecho contacto artístico y la amistad con artistas españoles como Alberto Sánchez, Esteban Francés, Joan Miró y Pablo Picasso, influye en su lenguaje pictórico y en las temáticas. Como ejemplo, la iconografía de la crucifixión a partir de Picasso genera múltiples obras a lo largo de su carrera, como To both of You (1937), Les Golgoteurs (1952-53) y L´alto, il basso, la sinistra, la destra del cuore (1971).
Los primeros dibujos, dada su formación académica, revelan el peso de la arquitectura en el diseño espacial. Más tarde plantea composiciones sin apenas referencias espaciales y donde las figuras se someten a deformación continúa, aunque parten de volúmenes antropomórficos.
Los grandes formatos están presentes desde el inicio y Matta entiende el lienzo como esencia y escenario de sus visiones de una nueva raza humana. El uso de la pintura cobra sentido mágico, por sus fondos difuminados de colores vivos en Science, conscience et patience du vitreur (1944) o la serie Être Atout (1960). El artista prolonga esta idea hasta en sus últimos trabajos, como Les métaux fondus reviennent au feu de la terre (1988) o Youniverso (1998).
En referencia a su papel en la Historia del Arte, en los años treinta destaca su irrupción como una nueva vía del Surrealismo, basada en la práctica del Automatismo y el lenguaje abstracto-organicista, que se dirige hacia un expresionismo onírico. Por otro lado, Matta formula el principio de “morfología psicológica”, donde resume las nociones sobre las que fundamenta su práctica artística. De este modo declara, “llamo morfología psicológica al gráfico de las transformaciones debidas a la absorción y emisión de energías por parte del objeto desde su aspecto inicial hasta el final en el medio geodésico psicológico”.
Con unos inicios puramente arquitectónicos, no es hasta 1937 cuando Matta comienza a desarrollar su vertiente artística. La obra de Roberto Matta parte del surrealismo y el automatismo psíquico para liberar su imaginación y tiene un gran componente de pintura metafísica.

Como otros surrealistas, Matta se interesa por explorar el mundo interior, la ciencia, la teoría de la relatividad y el descubrimiento del espacio-tiempo, la cuarta dimensión, la representación del movimiento y lo invisible a través del arte. Pero Matta, más que explorar el inconsciente y las teorías freudianas, se interesa por la representación de lo invisible, lo inventa, creando nuevos espacios a partir de referencias a la naturaleza.
Dentro de esta exploración realiza “paisajes del interior” o lo que él denominaba “morfologías psicológicas” o “Inscapes”. En estas obras explora el mundo onírico y las pulsiones internas del ser humano a través de la invención de espacios y paisajes, que concibió como proyecciones de estados psicológicos. Estas nos pueden recordar a microorganismos de la naturaleza, plantas, el interior del cuerpo humano, o el espacio exterior.
Se interesó también por el espacio y el movimiento, teorías que explora tratando de representar la representación de la cuarta dimensión, propuesta que lleva a su máximo esplendor con la creación del “cubo abierto”.
Después de crear un lenguaje propio basado en la representación de lo invisible, de lo interior, del micro y el macro-cosmos, los espacios y el movimiento, con un trabajo de inspiración metafísica, los acontecimientos históricos que le tocaron vivir supusieron un cambio en su obra ya madura.
A pesar de la relevancia y su gran aportación al arte gracias a la experimentación técnica que lleva a cabo en sus obras, para Matta lo más importante siempre fue el mensaje. Por esto, sin abandonar por completo el surrealismo abstracto, realiza obras con un carácter más figurativo, en las que incluye la figura humana y otras formas antropomórficas, con la clara intención de denunciar y crear conciencia en el espectador, haciendo llegar el mensaje de forma más certera a un público más amplio.

Desde sus inicios la obra de Matta, ávido bebedor de influencias, se ve fuertemente influenciado por los poetas de la Generación del 27, especialmente Federico García Lorca y Rafael Alberti, por los movimientos de vanguardia de los años 20 y 30, y muy especialmente por las propuestas teóricas y artísticas de Marcel Duchamp, que Matta de un modo propio y particular traslada a su obra.
Sus orígenes se reflejan en su obra, en la cual recurre a temas mitológicos precolombinos y a la historia de este continente. Matta lucha contra la globalización (que él denominaba “californización”), la desvinculación del ser humano con la naturaleza, y la pérdida de la identidad amerindia. En su etapa final, sus obras se llenan de referentes a la cultura tradicional indígena y a los pueblos originarios, tanto de América Latina como de otras civilizaciones, como la griega o la egipcia.
El trabajo de Matta agregó nuevas dimensiones a la pintura contemporánea, pese a su ruptura —por causas desconocidas— con el movimiento surrealista en 1947. Pese a que fue readmitido en 1959, su fama ganada es exclusivamente personal. Experimentó distintas formas de expresión artísticas, incluyendo producciones de videos como Système 88, la fotografía y otros medios de expresión.asf
Por su cercanía con el pensamiento socialista, tras el triunfo en 1970 de la Unidad Popular, encabezada por el presidente Salvador Allende, el artista viajó a Chile y realizó diversos trabajos, entre ellos 12 arpilleras en el Museo Nacional de Bellas Artes. Aprovechó la construcción de una nueva sala del edificio para tomar el barro y la tierra de la faena para emplearlas en su obra. También invitó a los obreros de la edifición a participar en las arpilleras. En la actualidad, ese espacio se llama «Sala Matta» y cuatro de las 12 arpilleras, que donó al museo, son parte de una muestra permanente del museo.[10]

En 1985 obtuvo la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, en 1990, recibió el Premio Nacional de Arte; en 1992, se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en 1995 obtuvo el Praemium Imperiale en la categoría de Pintura. Vivió regularmente desde la década de 1960 en el pueblo italiano de Tarquinia, ubicado al norte de Roma, realizando viajes esporádicos a su país. Durante la década de los sesenta incursionó en el diseño de muebles luego de conocer al diseñador italiano Dino Gavina, creando en 1966 los asientos «Malitte Lounge Furniture» para la firma Gavina SpA,que posteriormente sería comprada por la conocida firma Knoll. Los asientos Malitte hoy forman parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York.
En 2001 se le otorgó la nacionalidad española, «en virtud de su aportación a la cultura y el arte iberoamericanos, y como reconocimiento al especial afecto por España que ha demostrado a lo largo de su dilatada trayectoria».
Falleció en Civitavecchia el 23 de noviembre de 2002. Tras su fallecimiento, el presidente de Chile Ricardo Lagos Escobar decretó tres días de duelo nacional.[16] El pintor fue sepultado en Tarquinia, en una cripta ubicada bajo su casa.