LUIS DE EGUíLAZ Y LA ESPAÑA DEL XIX

Por: Tomás Sánchez Rubio

El 29 de marzo de 1830 ─tres años antes de su muerte─, el rey de España, Fernando VII, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, promulgaba la Pragmática Sanción, la cual dejaba sin validez la antigua Ley Sálica. Para conocer la trascendencia de tal acto, debemos tener en cuenta algunas circunstancias. Desde que Fernando VIIcomenzó su reinado, no hubo más heredero al trono que su hermano, el infante don Carlos María Isidro. Este, de ideas tradicionalistas, era partidario de una monarquía fuerte y detentaba un talante más firme y resuelto que Fernando. Indudablemente, su opción no agradaba en absoluto a los liberales españoles.

Sea como fuere, en unos pocos meses todas las ilusiones del pretendiente al trono se irían al traste. En mayo de 1929, había tenido lugar la muerte de la reina Josefa Amalia de Sajonia, tercera esposa de Fernando. El rey, con casi cuarenta y cinco años y ciertamente achacoso, no había tenido descendencia; no obstante, deseaba fervientemente un heredero y acabaría contrayendo matrimonio con su sobrina carnal, María Cristina de Nápoles, veintidós años más joven que él. La infanta Luisa Carlota, hermana de la prometida, mediaría en esta elección. Los liberales, esperanzados en un cambio de tercio de la política española, miraron con simpatía la unión. Efectivamente, en menos de un año, el rey anunciaba un descendiente, la infanta Isabel ─futura Isabel II─, a quien seguiría María Luisa Fernanda, futura duquesa de Montpensier ─y quien, pasado el tiempo, donaría a la ciudad de Sevilla los emblemáticos jardines del Palacio de San Telmo, conocidos posteriormente como Parque de María Luisa─.  

El caso es que el posible nacimiento de una mujer como heredera al trono hizo que Fernando VII decidiera promulgar la conocida como Pragmática Sanción. En verdad, tal Pragmática había sido aprobada por las Cortes de 1789 a instancias de Carlos IV, pero, por razones de política exterior, no había llegado a entrar en vigor. La misma anulaba la comúnmente denominada Ley Sálica, propugnada por Felipe V en 1713, y que, excepto en casos muy extremos, imposibilitaba a las mujeres acceder al trono.​ La Pragmática Sanción de 1789 restablecía de este modo el sistema de sucesión tradicional implantado por las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, según el cual las mujeres podían reinar si no tenían hermanos varones. Con todo, el problema sucesorio no estaba resuelto. Los partidarios de don Carlos, bien organizados después de todo un reinado aguardando su momento, ejercieron una presión considerable, presagiando el peligro de un conflicto civil ante la juventud de la sucesora y el largo periodo de regencia que se esperaba. Las intimidaciones dieron resultado y el rey ordenó derogar la Pragmática Sanción. Esta era una buena noticia para los carlistas, pero aún quedaba una última jugada, que contó con la connivencia de María Cristina, de la cuñada del monarca y del Partido Liberal. Luisa Carlota consiguió entrar en La Granja y persuadir al rey para revertir el proceso y derogar la Ley Sálica, y así se hizo el 28 de septiembre de 1832. No habría más movimientos y un año después moría Fernando VII. La inevitable consecuencia sería una sucesión de guerras denominadas “carlistas”…

Desde el punto de vista de la cultura española, específicamente en el campo de la literatura, debemos mencionar que en 1830 se publicó por primera vez, en París y por parte de la imprenta de Julio Didot, La conjuración de Venecia, drama romántico de carácter histórico, escrito por Francisco Martínez de la Rosa. Mientras tanto, fuera de nuestras fronteras tenían lugar la publicación de Rojo y Negro de Henri Beyle “Stendhal”, así como la representación, en París, de Hernani, de Víctor Hugo. La noche del estreno terminaría en una trifulca entre los defensores del teatro tradicional, o “clasicistas”, y los partidarios del Romanticismo. Resulta curioso cómo las discrepancias sobre unas convenciones estéticas acaban a veces en violencia verbal e incluso física…  

También en ese año de 1830, concretamente el viernes 20 de agosto, nacía Damaso Luis Martínez Eguílaz y Eguílaz en la rica y hermosa ciudad andaluza de Sanlúcar de Barrameda, concretamente en la calle del Barrio Alto que hoy lleva su nombre. Sanlúcar, con el Decreto de división en provincias de tres años después, quedaría incluida definitivamente en la provincia de Cádiz, pues hasta entonces, desde la Reconquista y durante todo el Antiguo Régimen, la ciudad había formado parte del Reino de Sevilla. Aún no habían construido allí los duques de Montpensier e infantes de España su majestuosa residencia veraniega: el Palacio de Orleans-Borbón, actualmente sede del ayuntamiento de esta localidad.

Luis Martínez de Eguílaz, pasado el tiempo, se convertiría en aclamado escritor y autor teatral y de zarzuelas, abordando en sus comedias y dramas las costumbres de la burguesía de su tiempo. Cultivaría, por otro lado, poesía y novela, colaborando, además, en los principales periódicos de la capital de España.

Sus padres, Dámaso y Luisa Martínez de Eguílaz, eran primos carnales y procedían de una noble familia con orígenes en el norte de España. Luis tendría otros cuatro hermanos. Tras la muerte del padre, la familia queda en una delicada situación económica, si bien la madre, persona bien instruida, no se despreocupa por la educación de su prole. De hecho, Luis se convierte en discípulo del antequerano Juan María Capitán (1789-1854), fraile franciscano exclaustrado, célebre humanista y poeta afincado en Jerez de la Frontera, y en cuyo colegio de San Juan Bautista –luego Instituto Provincial- ocupaba la cátedra de Latinidad y Literatura. Capitán alentó en Luis de Eguílaz una inicial afición literaria inculcada por su madre, y que le llevaría a estrenar en Jerez con solo catorce años la comedia de un acto Por dinero baila el perro.

Posteriormente, Eguílaz marchó a estudiar Derecho a Madrid —carrera que nunca terminó—, a la vez que continuaba atendiendo a su vocación literaria, dándose a conocer en un periódico madrileño con la publicación de un estudio crítico sobre la novela de Fernán Caballero, Clemencia, obra cuyo argumento gira en torno a una huérfana criada en un convento que, a los dieciséis años, se traslada a vivir con una tía marquesa y sus dos hijas.

En la Corte lo protegería el famoso hombre de letras Eugenio de Ochoa, hijo ilegítimo de Sebastián de Miñano y Bedoya. Gracias a él, Eguílaz pudo estrenar en 1853 su primera obra seria, la comedia de tres actos y en verso Verdades amargas, cuyo éxito situó al autor entre los más populares de la época. En octubre del mismo año presenta en el Teatro del Príncipe la comedia titulada Las prohibiciones, obteniendo también un éxito notable. En esa época ya Eguílaz utilizaba eventualmente el seudónimo El Licenciado Escribe, influido por el nombre del prolífico autor dramático y libretista francés Eugène Scribe.

Con Verdades amargas y Las prohibiciones iniciaba Luis de Eguílaz una serie de comedias y dramas de costumbres burguesas. En ellos trata asuntos como la vida matrimonial, la educación de los hijos o la agitada vida política de la que el autor sanluqueño fue testigo. En este sentido, sus obras tienen como telón de fondo los cambios políticos y económicos de la segunda mitad del siglo XIX, tales como la segunda toma de poder por Narváez y su paso a la Unión Liberal, la construcción del ferrocarril, o la desamortización de Madoz. Fue Eguílaz un profundo observador de la realidad madrileña y española de su tiempo, algo que le resultó de gran utilidad, tanto para la selección de sus temas como para la consecución del éxito. Por otro lado, en sus obras se pone de relieve la importancia que para aquella burguesía tenía el mundo de las reuniones sociales en salones, tertulias y fiestas.

Cultiva nuestro autor, asimismo, el drama histórico de rasgos líricos, en muchas de cuyas obras son protagonistas los grandes escritores de la Edad Media y del Siglo de Oro: Una Aventura de TirsoLas querellas del rey Sabio, o bien Los dos camaradas, un drama en dos actos que había dejado sin terminar Ventura de la Vega, y cuyos principales personajes son Cervantes y Juan de Austria.  En colaboración con Luis Mariano de Larra, hijo del famoso periodista y escritor, Eguílaz escribe la comedia Una Virgen de Murillo. En menor medida, también escribe novelas históricas como La espada de San Fernando, obra histórico-caballeresca por la que recibió mil reales del editor, y que no ha dejado de reimprimirse, incluso en época reciente.

Entre los libretos de zarzuela escritos por Eguílaz debemos destacar El esclavo, con música de Sánchez Allu y Luis Cepeda, estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 24 de diciembre de 1856; El salto del pasiego, obra póstuma, con música de Manuel Fernández Caballero; y su mayor éxito, El molinero de Subiza, con música de Cristóbal Oudrid.

Luis de Eguílaz también ejerció como periodista notable, llegando a colaborar en numerosísimas publicaciones, así como en las cabeceras más importantes de la capital de España; entre ellas, La ÉpocaLa Correspondencia, El Imparcial, o La Ilustración de Madrid.

Aunque su producción dramática no llegara a marcar un hito dentro de la historia del teatro español, Eguílaz fue un autor que se mantuvo formalmente dentro de los preceptos vigentes en su época, brillando de forma especial en la conocida como “segunda generación romántica” de nuestro teatro del XIX, que consolidó y popularizó el drama romántico iniciado por el Duque de Rivas, y en la que también se incluyen a Hartzenbusch, García Gutiérrez o Ventura de la Vega.

A la muerte de José Sanz Pérez, director del Archivo Histórico Nacional, Luis de Eguílaz solicitó el puesto vacante, siéndole concedido en 1870 por el entonces ministro de Fomento, José Echegaray y Eizaguirre, nuestro primer Premio Nobel de Literatura. No obstante, los graves problemas de salud del escritor sanluqueño habrían de dificultarle su labor al frente de aquella institución.

El 22 de julio de 1874, apenas un mes antes de cumplir cuarenta y cuatro años, el escritor, con fama de hombre generoso y cordial, pero de salud quebradiza, muere víctima de la tuberculosis en su domicilio de la calle San Agustín de Madrid. Sería enterrado en el Cementerio de la Sacramental de San Nicolás de Bari.

Habiendo enviudado prematuramente, la única hija de Luis Eguílaz —y que quedaría huérfana a los once años—, heredará la llama literaria de su padre. Rosa de Eguílaz y Renart de Parada fue una pintora notable, además de dramaturga y periodista. En su faceta de autora teatral, se conocen dos obras suyas estrenadas en el Teatro de la Comedia de Madrid: Después de Dios (1889), y Mujer famosa (1891), un interesante drama de corte ibseniano sobre los problemas que le acaba causando el éxito a una mujer que utiliza un seudónimo masculino como escritora.


PARA SABER MÁS:

https://siluetassanluquenas.blogspot.com/2019/02/luis-de-eguilaz.html

https://historia-hispanica.rah.es/biografias/29485-damaso-luis-maria-martinez-de-eguilaz-y-eguilaz

https://desanlucar.blogspot.com/2016/02/sobre-luis-de-eguilaz.html

https://www.enciclonet.com/articulo/eguilaz-y-renart-de-parada-rosa-de

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