Por: Tomás Sánchez Rubio

Continuamos con nuestra breve sección mensual en la revista Proverso, y que, con el nombre Al encuentro de las palabras, está dedicada a profundizar en la raíz u origen de determinados vocablos del idioma castellano. Ya sabéis, amigas y amigos, de mi afición por este tipo de cuestiones etimológicas, las cuales nos deparan, a veces, sorpresas y anécdotas muy curiosas.
Hoy comentaremos el peculiar término Limerencia.
Quisiera detenerme en una palabra que comenzaría a utilizarse en el campo de la psicología hace ya algunas décadas, procedente del ámbito anglosajón -de cuya lengua es una traducción directa-, y que podría encuadrarse dentro de un apartado léxico con la etiqueta de “términos sin etimología”. Esta denominación curiosa y por supuesto discutible, serviría para referirnos a aquellos neologismos sencillamente inventados por alguien, sin estar relacionados con una raíz clásica o de otras lenguas.
Si bien, no incluida en la última edición del DRAE, la palabra limerencia sí se registra en el conocido como Observatorio de palabras de la Real Academia. Recordemos que dicha sección ofrece información sobre términos (o acepciones de términos) y expresiones que no aparecen en el diccionario, pero que han generado dudas: neologismos recientes, extranjerismos, tecnicismos, regionalismos… Tal información es provisional, pues no está contemplada en las obras académicas, por lo que puede verse modificada en el futuro. La presencia de un término en este observatorio no implica que la RAE acepte su uso: es el caso, por ejemplo, de sindemia, veroño o mutear.
El caso es que nos encontramos con que, en diferentes fuentes, se definirá el término limerencia como un estado mental involuntario que implica un deseo o atracción romántica obsesiva por otra persona, caracterizándose además por una necesidad extrema o intensa de correspondencia o reciprocidad, así como de pensamientos intrusivos y euforia.
Nos encontraríamos, pues, ante un trastorno obsesivo del amor o una adicción emocional que supera el enamoramiento normal, alcanzando una idealización no racional de la persona objeto de deseo. Esta no correspondería, por otra parte, a los sentimientos del sujeto afectado.

Respecto al origen de nuestra palabra, debemos remontarnos a una mujer excepcional y seria investigadora en el campo de la psicología: la doctora estadounidense Dorothy Tennov, quien, nacida en el condado de Montgomery, Alabama, un 29 de agosto de 1928, fallecería el 3 de febrero de 2007. Durante sus años de investigación acerca de la experiencia amorosa, Tennov obtuvo miles de testimonios personales a través de cuestionarios, entrevistas, y cartas de sus lectores, en un intento de apoyar su hipótesis de que un estado psicológico distinto e involuntario se da de manera idéntica entre las personas aun de diferentes culturas, nivel educativo o género. La investigadora dejó claro en su ensayo que los datos obtenidos se basaban solamente en los informes verbales de participantes voluntarios que compartían su testimonio sobre experiencias propias en el terreno amoroso. El caso es que publicaría sus conclusiones en el libro de 1979, titulado Love and Limerence. The Experience of Being in Love. Y fue allí, precisamente -y como se ve en el titulo- donde introduce el término limerencia (limerence). No obstante, había mencionado la voz en otros artículos anteriores, concretamente desde 1977.

La obra mencionada no ha sido traducida en su integridad al castellano, si bien lo ha sido fragmentariamente; del mismo modo, ha sido con frecuencia citada por investigadores del ámbito español e hispanoamericano. Otros libros de Tannov, aparte de numerosos artículos científicos y reseñas, serían Psychotherapy: The Hazardous Cure, o bien Super Self: A woman’s guide to self management.
La autora comentaría en su momento que la palabra limerence había sido creada arbitraria y artificialmente en virtud de su sonoridad y forma. Algunos autores han sugerido, sin poderse confirmar o demostrar, que la voz podría derivar de la fusión de limerick -nombre de una forma poética breve, humorística y a menudo absurda, compuesta tradicionalmente por una sola estrofa de cinco versos-, más el sustantivo romance (relación amorosa).
Sea como fuere, es interesante resaltar la principal diferencia entre el nuevo concepto y lo que se consideraría el amor “sano o normal”: en tanto este se caracterizaría por su estabilidad y reciprocidad, la limerencia se centra en la posesión y la fantasía obsesiva, a menudo, incluso, en relación a personas con las que apenas se ha establecido contacto.
Enlaces interesantes:
*Tennov, Dorothy (2005). A Scientist Looks at Romantic Love and Calls It «Limerence»: The Collected Works of Dorothy Tennov. Greenwich, CT: The Great American Publishing Society (GRAMPS), www.gramps.org/limerence
*Bellamy, Tom (2026). Enamoramiento extremo. Ed. Sirio.
*HC, Dolores (2026). Limerencia (Novela). Ed. Sombras.