Aquel sillón de cuadros
Por: Inma J. Ferrero

En Solo el arte libera al arte, Guillermo Urbano Lanzas no escribe desde la comodidad del poema entendido como ornamento, sino desde una fisura. Hay libros que quieren emocionar y otros que quieren despertar; este intenta ambas cosas al mismo tiempo, y en esa tensión encuentra su respiración más honda. Aquí la poesía no aparece como un refugio estético sino como una forma de resistencia íntima, política y espiritual. El poeta levanta una obra donde el amor, la memoria, el dolor colectivo y la necesidad de transformación conviven en una misma hoguera verbal. Desde los primeros textos se percibe una voluntad de derribar la frontera entre arte y vida, como si escribir fuera también una manera de intervenir en el mundo, de tocar sus heridas con las manos desnudas. “Reivindico el arte / como un espectáculo / dentro de este espectáculo” y “mis propias manos / están al servicio del arte, / que sirve a los cambios” son versos que funcionan no solo como declaración poética, sino como manifiesto ético.
La escritura de Gul posee algo de proclama y algo de plegaria. Hay una cadencia oral muy marcada, cercana por momentos al spoken word, al cante, al manifiesto escénico o a la liturgia pagana. Sus poemas no buscan el hermetismo, sino la intensidad comunicativa. Incluso cuando se interna en territorios filosóficos o simbólicos, mantiene una pulsión accesible, humana, atravesada por una sensibilidad comunitaria poco frecuente en la poesía contemporánea. El autor parece escribir desde la convicción de que la belleza sola ya no basta, de que el poema debe también señalar la herida histórica. Así ocurre en textos como “Hybris”, “Soneto por Palestina” o “Utopía”, donde la conciencia social no se convierte en consigna vacía porque está sostenida por una emoción real, por una experiencia encarnada del dolor colectivo. “Pueblos de la tierra que luchan / por la liberación de los pueblos” resuena como un eco antiguo y futuro a la vez, una especie de salmo para quienes todavía creen en la dignidad de los derrotados.
Pero sería injusto reducir el libro a su dimensión combativa. Hay en estas páginas una celebración radical del vínculo humano, del amor entendido no como evasión sino como fuerza transformadora. En “Áurea”, “Un día entre los días” o “Viaje al centro de la tierra”, el deseo se vuelve una experiencia cósmica, casi chamánica, donde los cuerpos son territorio, selva, revelación. “El amor es un sinsentido inexplicable” y “la vida soñando que sueña / con la revolución de llegar a sanar” sintetizan una de las intuiciones centrales del libro: amar también es una forma de revolución. Gul entiende el erotismo como un lenguaje de conocimiento; el cuerpo no es únicamente carne sino también memoria, paisaje y símbolo. En muchos momentos el poeta parece mirar el mundo con los ojos de quien todavía conserva capacidad de asombro.

Uno de los mayores aciertos del poemario es su defensa de la fragilidad. Frente a una época obsesionada con el rendimiento, la velocidad y la pose, estos poemas reivindican la vulnerabilidad como espacio de verdad. “Un abrazo sin brazos” es quizá uno de los textos más conmovedores del conjunto precisamente porque convierte lo invisible en experiencia física, porque habla de aquello que sostiene a las personas cuando todo lo demás falla. “Un abrazo sin brazos / para los cuerpos desabrazados” contiene una ternura desarmante, ajena al cinismo contemporáneo. Esa capacidad para escribir desde la intemperie emocional atraviesa también poemas como “Las lágrimas de Jesús Romero” o “Vuela”, donde la muerte no es tratada desde la solemnidad impostada sino desde una cercanía profundamente humana.
Formalmente, el libro se mueve entre distintos registros y estructuras: poemas breves de raíz aforística, composiciones narrativas, sonetos, textos de fuerte musicalidad repetitiva o piezas cercanas a la canción. Esa diversidad podría haber fracturado el conjunto, pero termina reforzando la sensación de estar ante una obra viva, heterogénea, consciente de que el arte verdadero nunca adopta una sola forma. En ese sentido, “Eso es jazz” funciona casi como una clave de lectura de todo el libro: “Jazz es improvisación, / musical o cotidiana”. La poesía de Gul improvisa, mezcla registros, se permite el riesgo y la contradicción, porque entiende que la autenticidad está más cerca de la respiración que de la perfección técnica.
Hay algo profundamente generacional en este poemario, pero también algo ancestral. Conviven el desencanto político contemporáneo, la memoria de las luchas sociales, el eco de las culturas indígenas, el flamenco, el surrealismo, la contracultura y una espiritualidad heterodoxa que nunca cae en el dogma. Por eso algunos poemas parecen escritos desde la calle y otros desde una cueva ritual. Y quizá ahí reside la fuerza más singular de este libro: en recordar que la poesía todavía puede ser un espacio de comunidad, un lugar donde el lenguaje no sirve para adornar el vacío sino para recuperar el sentido.
En tiempos donde gran parte de la poesía parece resignada a la ironía o al narcisismo emocional, Solo el arte libera al arte se atreve a creer. Cree en la palabra, en la imaginación, en la transformación colectiva y en el amor como energía política. Y esa fe —arriesgada, a veces excesiva, pero siempre honesta— termina convirtiendo el libro en algo más que un poemario: una combustión. Porque aquí la poesía no pide permiso ni perdón; aquí la poesía abre las costillas del mundo para meter dentro un sol ardiendo. “Las cosas que se aman / no se eligen, te elijen” , escribe Gul, y uno termina este libro con la sensación de haber sido elegido también por algo antiguo y feroz, algo que respira debajo de las palabras y las incendia.
Entonces ocurre.
El poema deja de ser poema.
Se vuelve tambor, barricada, relámpago, cuerpo sudando bajo la lluvia de un planeta que todavía no existe. Se vuelve el grito de quien ama mientras todo se derrumba. Se vuelve un animal luminoso atravesando la noche con la boca llena de estrellas. Y uno comprende, por fin, que hay libros que se leen y otros que directamente te suceden. Este no termina en la última página: este explota dentro.

Libro: Solo el arte libera al arte
Escritor: Guillermo Urbano Lanzas
Colección: Poesía
Editorial: Editorial Cuadranta
ISBN: 979-13-87773-56-4