Por: Silvia N. Barei

Los caminos del mundo
¿Cómo se cuenta la historia de una ciudad que fuecentro de un imperio?¿Cómo se recoge la historia de sus hombres desde el más sabio, al más poderoso, al más infame?¿Cómo emergen los escombros del pasado entre las piedras del presente? Y la pregunta fundamental que está formulada en este poemario de Antonio Tello, Roma, año 2023 d.c.: ¿Qué sentido tiene nuestro permanente deambular por el mundo y nuestro hacer de ello una práctica de escritura?
Y estapregunta y en el caso de este poemario tiene una primera respuesta muy convencional: “Todos los caminos conducen a Roma”, frase del emperador Augusto en el Foro de la Antigua Roma. Porque la ciudad Imperial marcaba el punto de llegada de todas las calzadas del imperio antiguo.Lo que no dijo Augusto es que esos mismos caminos también parten de Roma hacia el resto del mundo y llevan a otros márgenes, otras historias, otras lenguas, otras tensiones y otras fragilidades. Movimiento que los romanos no parecían advertir aún en su afán de llevar“la civilización”al mundo. Movimiento que es el centro de este poetizar.
Algo inesperado empieza a ocurrir cuando vamos a Roma, cuando deambulamos leyendo Roma, 2023 d.C., cuando aparecemos en otras tierras u otros tiempos.De pronto se nos vinculan el aquí y el allá, el antes y el ahora, lo exterior y lo interior, el abrigo y la intemperie en un viaje que es el de Odiseo o el de Dante sin el propósito de llegar a un puerto o a un Cielo y más bien con la desconcertante comprobación de que nada es como lo pensábamos. Tampoco permanece igual el viajero, el caminante, el desplazado, el exiliado, el escribiente y sus emociones. Un camino de la vida que llega al año 2023 en que se escribe este poemario: “Como aquel a quien señalaste en la frente, desde/ entonces camino de una nación a otra, de un/ continente a otro sin hallar lugar en el mundo./El mundo. El mundo es un laberinto al que entras /sin un hilo que acuerde tus huellas…”
A medida que el poeta camina por Roma se iluminan distintas escenas para este hombre que vuelve -del sur al norte del mundo- a buscar el mito y la Historia,pero fundamentalmente que hace de la travesía, del encuentro con otras gentes, su desconsuelo, el anclaje de los sueños y las pesadillas de la historia, su deambular por dunas de arena y laberintos, “en el hueco de las siete /colinas erizadas de pinos y en la plaza/ dura de gárgolas empinadas vestidas de/ santos, cerré los ojos para sentirte…”
La ciudad mítica depara a cada uno de los personajes -no solo al poeta que los nombra- su propia“noche oscura del alma”:“Y, en esa orfandad sin fondo en la que caigo /elevándome hacia lo profundo,/ es que escribo y la escritura es un torbellino de signos /que atormenta el alma, una escalera de/ caracol que cuelga del vacío sin que pueda /descifrar la escala de tu ser. Noche. Noche“
Lo sagrado y lo profano
Un hombre pinta acostado en un andamio el techo de una capilla famosa, lugar en el que cincela todas las preguntas. Pinta a otros hombres, pinta el mundo, pinta una escena mítica en la que no cree y crea él mismo, su primer hombre: “En el firmamento de la capilla Sixtina, /un anciano crea con el dedo al primer hombre./Imagen y semejanza uno del otro. /Antes,en el Principio, todo era oscuridad, silencio y quietud. / El silencio absoluto prevalecíahasta que el verbo estalló”.
Y la memoria del poema vuelve no al hombre que fue creado de barro sino a aquel que pintó el techo de sus primeras cavernas y empezó a ver el mundo a través del lenguaje del arte, “soñó y creó otros mundos / que el día o la noche devoraban. /Nada parecía evitar la fugacidad de lo creado hasta /que la onda expansiva del estallido alcanzó/ los confines del cuerpo/ y generó figuras que /sonaban como las palabras …”
Las palabras de esas cavernas llegan como“ríos de piedra que desaguanen una ciudad eterna” y la Roma del ayer y del hoy se dan la mano con crueldad recobrada: “En el circo de las siete colinas se alza/ la antigua urbe, que, con su mirada, petrificó/la mujer de la cabellera de sierpes verdes./Sobre sus techos reptan francotiradores que /miran el ajetreo urbano y a indigentes que /duermen en los cajeros automáticos o arden /junto a contenedores de basura y, de/ tanto en tanto, fijan un blanco y disparan”.
Cristo y Nerón, el mito y la historia, lo sagrado y lo profano, los ángeles y los lobos y hasta ángeles vueltos lobos: “Verá a los ángeles degollar sin piedad las crías de los infieles…”,rara intensidad de una travesía terrenal donde se asoman los bordes de lo sagrado, no como un absoluto sino como el sentido mismo del poetizar.Los recorridos por la historia no coinciden necesariamente con una cronología sino con acontecimientos que por su magnitud iluminan el sentido de una época: el incendio de Roma, los cristianos, el circo, la Capilla Sixtina, la Inquisición, las pirámides mesoamericanas, los crímenes de la evangelización y de las guerras, la presencia incomprensible de lo sagrado en una insoportable dimensión que atraviesa la Historia: la de la maldad humana, “en un mundo siempre sometido/ al imperio de la injusticia y el sinsentido…”
El,poemario nos trae una atmósfera llena de presagios en una frontera con un olvido de lo sagrado donde los hombres parecen haber ido más allá de los dioses y los dioses se hacen hombres que viven en la tierra con un cuerpo donde la muerte puede asentarse. Justicia y redención, padecimiento y venganza, destrucción y renacimiento de lo humano. En las catacumbas de las palabras se tematiza el pasado,pero se lee también el presente como una especie de relato insomne. Historias que han de repetirse a lo largo de la Historia. Por ello, las imágenes se escapan de tiempos antiguos que se deshicieron y sin embargo, desde sus propias sombras vienen al encuentro del presente.
“¿Es aquí donde se pierde toda esperanza?”, se pregunta el poeta y supreguntaremite al Dante de “lasciateognisperanzavoich’entrate”, y los 33 cantos de Roma (númerocabalístico) nosvuelven a los 33 de cada una de las trespartes de la Commedia. Si Dante inventóun lenguaje para atravesar el infierno del mundo medieval y llegartalvez, a un lugar de amorconsagrado,estepoemarioreconoce que lo sagradoestáen el atisbo de la fragilidad de lo humano, la endeblez de sucondiciónamorosao el exilio de ella y por lo tanto, exilio del propiolenguaje que puededecirla.
La poesía (o lo poético) se nos presenta enRoma, 2023d.C. como balance o balanza llamada a pesar y pensar hombre y cultura y también como persecución de figuras, sitios, rostros, diálogos que, sumergidos en el tiempo aúnan desconsuelo y resurrección en los modos de un lenguaje que trae el pasado sin desmarcarse del espíritu de un nuevo siglo de condición crepuscular.
¿Es Roma un lugar a dónde llegar y de dónde partir? Lo es en alguna medida como centro geográfico y cultural del mundo occidental, pero lo es seguramente como topo escritural“que se vale de los recursos retóricos de la poesía para profundizaren el conocimiento de la condición humana y de esa realidad que trasciende lo evidente”, nos dice Tello en un reportaje reciente.
Dos preguntas que suelo hacerme y que este libro de poemas trata de responder mientras su palabra deambula, en 2023, por las calles de Roma: ¿Sobre qué pérdida de condición humana se asienta la actual violencia de unos contra otros?;¿sobre qué trasfondo de sentido una cultura puede reconocer sus milagros y sus barbaries?
