LA PIEL, ÚLTIMA FRONTERA

Por: Miguel Ángel Yusta

Inma J. Ferrero (Madrid 1977) es una poeta de amplia trayectoria,  tanto en su labor de escritora – extensa e intensa- como de crítica literaria y gestora cultural. Filóloga hispánica, fundó y dirige la revista cutural Proverso y es frecuente su participación en diversos medios de comunicación y actividades poéticas varias, habiendo publicado en solitario una decena de poemarios, el último de los cuales es objeto de este comentario.

Nos encontramos en Vivir sin piel con un viaje poético por un territorio que cruza diversos estados anímicos (nunca el amor – o su falta- ha discurrido por fáciles senderos) cuyas etapas atraviesan estancias de resistencia, deseo sublimado, ausencia, tristeza, dolor, vacío y, sobre ellos, la implacable soledad que se asienta «sólida y real/ como una vértebra» ( poema 7) percibiendo un «horizonte sin regreso» (8)

Con imágenes muy potentes y a veces desgarradas, la poeta  va describiendo paso a paso esa implacable «combustión interna» (12) inmersa en esta etapa en una soledad «Jaula dura y calcificada que crece bajo la piel» (13) y nos muestra sin ambages su desnudez, su desprotección, su deseo siempre enmarcado en una inmensa generosidad.

Los poemas de esta primera parte se suceden ensamblados en una geografía de urgencia, de huída, de noches de largos silencios, insomnios, paseos por  Santiago de

Compostela  donde el sonido de la una campana o el ladrido de un perro en la noche y el orvallo (17 a 21) inclinan su silueta, constatando que «El olvido es esto».

La poeta prefiere la intimidad de su soledad al bullicio de la ciudad y en ese paso en su lecho vacío se contempla y duda y aparece el deseo de otra piel porque ante el silencio se rebela «Aguardo la urgencia de tu labios, esa fricción que me quema»(23) y da muestra palpable del desamor, la añoranza del «contrapeso que evitaba mi caída contra el abismo» (26)

Qué duro caminar el de la poeta en esta fase de su viaje donde se llega a resentir su autoestima, su enorme sensibilidad herida progresivamente por ese deseo de dar y de ser recibida. La ciudad es para ella frío, distancia y ausencia, pero su vivencia construye unos versos de gran riqueza que se van instalando como afilados puñales en el lector, porque esta parte es un grito desesperanzado que martillea una y otra vez «con el eco de lo que ya no está» (33), expresando el deseo de consumación y fusión explicitada en bellos poemas (34 a 43) llenos de musicalidad y ritmo, de cálida y desnuda intimidad,  que se diluyen en una ciudad sin nombre.

Cierra esta parte un gran e intenso poema (44) dedicado a su madre, donde los recuerdos definen y delinean unos antecedentes de bruma y vacío «donde la luz se apaga…»

La segunda parte,  Coda (La topografía del fuego) , es impactante, con poemas donde el erotismo delicadísimo (48, 55, 60), convive en sus versos con la ternura (49), la ausencia, nostalgia y soledad (50) la duda (59), la rebelión luminosa, la esperanza «Espero el regreso de tu soledad sobre la mía»(57) que junto a una declaración final «He aceptado el país de tu sombra como mi única lengua» (61), componen un friso bellísimo que está siempre lleno de generosidad y esperanza implícita en la fundamental reconstrucción, a pesar del sufrimiento y del grito final de su llamada (62) con los estremecedores pero resolutivos versos finales «Tú eres el lugar de mi descanso / En la comunión de tu boca, la realidad se detiene / y el mundo es solo una música lejana  que ya no nos alcanza».

El libro tiene un desarrollo coherente con una atmósfera poética densa donde la poeta se muestra en una estremecedora desnudez emocional. Vivir sin piel es exponerse a todas las intemperies sensitivas sin barrera alguna y la autora lo consigue plenamente con un lenguaje inteligible (¡qué importante en poesía!) y cercano que, desde luego, atrapa al lector desde el primer momento en ese viaje-aventura que en definitiva es una catarsis e, implicitamente, la búsqueda de una nueva piel que permita proseguir el camino sin sufrir heridas. El verso fluído, intimista y cercano, llega directamente al lector provocando una especial emoción y comunión con la autora.

Y terminaré estas breves palabras con  el último verso del famoso soneto 126 de  Lope, variando una palabra, que va entre paréntesis: Esto es amor, quien lo probó (sufrió) lo sabe…

Enhorabuena, Inma J. Ferrero, por este bello poemario. La vida es un camino: sigamos caminando


VIVIR SIN PIEL: Sonata Op. 17 in C# Minor

Autor: Inma J. Ferrero

Editorial:  Proverso Ediciones

ISBN: 979-8253650462

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