“PROCLAMACIÓN”, DE ISMAEL ISTAMBUL. CONTRA EL REDIL.

Por: José María Herranz Contreras


Abordo el texto de este joven autor granadino con curiosidad, tras haber leído su primer libro de relatos bajo seudónimo (no diré su título, para preservar su intimidad, ya que trata de algunas cuestiones un poco libertinas, escrito durante los primeros meses de la pandemia, y creo que él lo preferirá así, aunque el lector avezado seguro que encuentra la forma de hacerse con un ejemplar buscando un poco). Con curiosidad, digo, porque este es su primer poemario publicado tras algunos años ya en los foros literarios –de forma más bien intermitente-, y aunque ya había escuchado ocasionalmente relatos suyos –bastante buenos, por cierto-, con menos frecuencia había leído su poesía.

Pues bien: “Proclamación” es un manifiesto sobre la necesidad del reencuentro en la tribu, la celebración íntima de su propio nacimiento en la comunidad, entendiendo por comunidad el espacio en el que todas las personas liberadas –o que se encuentren en dicho estado o en camino de alcanzar su propia libertad- confluyen para celebrar la plena existencia, el gozo de vivir, siempre contra el redil. Ismael Istambul ha experimentado un proceso interior liberador que le ha permitido lanzarse a las procelosas aguas de la lírica, siendo la Poesía el faro que siempre le ha guiado –en sus propias palabras- para intentar comprender este extraño y alocado mundo en el que hemos nacido. La dedicatoria de arranque, escueta, es otra proclamación dionisíaca a favor del placer y el amor. Y la cita de José Val del Omar (fotógrafo y director de cine en la segunda república, coetáneo de Federico García Lorca y Luis Cernuda) ya nos da pistas sobre la rebeldía de su texto.

A lo largo de los poemas que conforman el libro, Istambul dibuja un paisaje humano poblado de personajes de todo tipo y condición con lucidez, ironía, deseo, amor, ternura y compasión, siempre desde un tono intimista, pero claro y veraz. Este libro se construye como un manifiesto donde el autor abre su corazón, su auténtico ser, a la búsqueda de sí mismo en un mundo alocado y caótico donde la norma es la injusticia. Supongo que alguien procedente como él del mundo de las leyes (la abogacía) está ducho en ver y tratar con todo tipo de personas y situaciones, pero sospecho que conoce la intrínseca injusticia del sistema legal (del Poder, vaya) y como buen poeta lo manifiesta. Su búsqueda de la libertad plena se ve en versos como:

Correr, correr,
agitar las manos,
y en un impulso 
arrancar el vuelo como un águila.

…

¡Y ya ahí fuera
donde el viento galopa con mi vista
atenta al vuelo efímero
de la impuesta Libertad!

Hay instantes de contemplación y silencio también en sus versos –Istambul ama el zen y la cultura japonesa, como cuando nos dice:

Bebe agua del riachuelo,
detén tu pensamiento,
deja tu cuerpo reposar
y nada más. 

Recuerdo una anécdota que vivimos juntos este autor y yo, hace unos años. Por aquel entonces él trabajaba en un despacho cercano a mi oficina, y quedábamos de cuando en cuando durante la media hora de desayuno para estar en silencio uno junto al otro –acordamos previamente hacerlo así durante una temporada- caminando y mirándonos, contemplando a nuestro alrededor el cielo y los paseantes, y centrándonos en nuestro interior, en lo que experimentábamos. No pueden ustedes imaginarse lo enriquecedor que es hacer esto de vez en cuando y ponerlo en común con un ser querido o un amigo.

Su lírica encuentra espacio para lo filosófico y lo hondo –aunque sea conduciendo una moto- como en su poema “Nacional 420”, ya que la auténtica poesía siempre se interroga por lo esencial de la existencia.

También hay poemas dedicados a algunas amantes –ocasionales o no- y al azar que nos une en el amor y el deseo a todos como humanos que somos, y como participantes de esta comunión vital en los cuerpos y el placer de vivir. Como muestra un botón:

Distancia repentina,
impostado preludio
del vacío: 
tu cuerpo en el mío,
mi cuerpo en el tuyo
sin azar.

Ese sumergirse en el azar –y dejarse llevar por él- navega todo el poemario, ya que al fin y al cabo, como bien nos han señalado todas las tradiciones espirituales del mundo, ¿qué es el mundo sino una absoluta locura que carece habitualmente de sentido? Lo más razonable parece, cabalgar en las olas del dharma, como reza el dicho hindú, para evitar el sufrimiento.

También hay lugar para la crítica social, la compasión por los avatares humanos y la injusticia, como en estos versos:

Son los colmillos y las uñas.
Es la lanza, el instinto.
Es el alma, lo arrebatado 
con una carta de despido. 

…

Esa misma cama
que estrenamos a la vez;
sobre la que fundí mi existencia
en tu más profundo vértice.
Esa cama en la que florecieron tus hijos y los míos. 
…

Y más tarde, 
fue escenario de noches blancas
–amargas noches blancas–
cuando el desempleo
besó el desamor definitivo.

Fluidez y cercanía son las dos principales cualidades de este libro que nos acompañan, gratamente, durante toda su lectura. Cierran el poemario dos sorprendentes poemas de sus hijos (6 y 8 años) que la verdad es que prometen, y un certero epílogo del poeta y profesor Miguel Ávila Cabezas en el que manifiesta las similitudes del poemario con el conocido “Aullido” de Allen Ginsberg, maestro de la beat generation. No le falta razón.

Demos la bienvenida, pues, a Ismael Istambul y celebremos con él bailando en la tribu estos versos en los que proclama su amor por la vida y la libertad.


PROCLAMACIÓN, de Ismael Istambul.

Epílogo de Miguel Ávila Cabezas.

Los libros del Mississippi. Colección Poesía, nº 25.

Madrid, 2021.

ISBN: 978-84-122807-2-2

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