PALABRAS CON HISTORIA: HIJO

Palabras con Historia

Por: Marcos López Herrador

Desde un punto de vista biológico, la palabra hijo define a una persona respecto a la madre y al padre que lo han engendrado. En principio define un vínculo de sangre. Sin embargo, desde muy antiguo, la filiación ha sido regulada por la ley, estableciendo que son hijos los tenidos en el matrimonio, los habidos fuera de él, que sean reconocidos o cuya paternidad quede demostrada, y los que, sin serlo, son adoptados.

En cualquier caso, los hijos son el resultado del impulso natural de todo ser vivo para perpetuar la vida y reproducirse a través del instinto que lleva a satisfacer el deseo físico, o de la voluntad expresa de los progenitores de convertirse en padres, ya de manera natural o mediante adopción.

Sea cual sea el motivo o la forma de tener un hijo, ser padre ha implicado siempre una de las responsabilidades mayores que un ser humano puede asumir a lo largo de su vida. El recién nacido viene a la vida indefensa y dependiente. Nada hay más frágil y vulnerable que un bebé que necesita en todo ser cuidado, y que no tiene recursos para sobrevivir por sí mismo, sin la atención, al menos de la madre, que puede alimentarlo con su cuerpo, preparado para ello.

En nuestra cultura, como norma general, los hijos han venido al mundo en el seno de una familia, donde desde el nacimiento han encontrado los cuidados y atenciones que sus necesidades requieren. En el seno de la familia, un hijo no sólo encuentra satisfacción a sus necesidades materiales, sino que puede colmar sus necesidades emocionales y afectivas, pues es el único ámbito humano en el que cada miembro es querido y valorado por sí mismo, y no por lo que representa, todo ello sin tener que dar nada a cambio. En el seno de la familia, los hijos desarrollan su sentido de identidad y pertenencia, como seres humanos, como hombre o mujer, como miembros de un linaje, como miembros de un grupo o de una nación. Reciben educación mediante el consejo y el ejemplo, y un código de valores que les sirve para discernir lo que está bien de lo que está mal, fundamental para orientar su vida con unas mínimas garantías de paz interior y de criterio para afrontarla sin graves descalabros personales.

La libertad que todo hombre tiene para forjar su pensamiento, su criterio y opinión; la libertad para decidir sobre su vida y su futuro, es la misma libertad que ha de tener para decidir por sus hijos en estas mismas cuestiones, mientras sean menores de edad.

Este es el modelo que en Occidente ha funcionado, con todos los problemas, contradicciones e imperfecciones que se quieran, pero que ha construido la sociedad con mayor grado de civilización, prosperidad, progreso y seguridad que la humanidad ha conocido a lo largo de la Historia.

Sorprendentemente, el modelo, en lugar de ser afianzado, se ve atacado una y otra vez por los cambios radicales que se vienen imponiendo.

Las familias actuales, cualquiera que sea la identidad de quienes las componen, no suelen tener más de uno o dos hijos. Ambos trabajan y los hijos a poco de nacer se ven en la guardería. La incorporación de la mujer al mundo laboral es una gran conquista y un gran logro, aunque desde el punto de vista económico familiar, resulta que lo que antes se sacaba adelante con un sueldo, ahora necesita dos y apenas llega con tanto gasto. Las familias, en donde los padres salen a trabajar por las mañanas y vuelven agotados de noche, se han convertido en familias dormitorio. Poco ejemplo pueden tomar los hijos de unos padres a los que apenas ven. La educación se delega en terceros que normalmente la imponen según su sesgo ideológico.

No se mejora la situación con otros modelos de familias cada vez más frecuentes, como son las monoparentales, las de separados, o las de divorciados vueltos a casar, en las que el marido o la mujer crían a los hijos de otro o de otra, mientras otros crían a sus hijos al haberse casado con sus anteriores cónyuges.

Estoy convencido de que sería bueno reflexionar sobre cuál es el modelo de familia que queremos, si hemos mejorado, quien gana y quien pierde y hasta qué punto no son los hijos quienes sufren las consecuencias del actual cambio de modelo.

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