LA DECISIÓN DE TATIANA

Por: Tomás Sánchez Rubio

Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los cruentos sucesos acaecidos en Barcelona y otras ciudades catalanas, entre los días 26 de julio y 2 de agosto de 1909. El desencadenante de estas violentas jornadas fue un decreto del llamado “gobierno largo” del mallorquín Antonio Maura, controvertido político conservador, ordenando el envío de tropas de reserva a la Guerra de Melilla. La mayor parte del contingente reservista estaba formada por padres de familia de la clase trabajadora, sobre todo industrial. Los sindicatos convocaron una huelga general —un derecho recién reconocido en abril de ese mismo año en España—, llevando a cabo el ejército una dura represión para controlar los disturbios.

Ciertamente, en estos comienzos del siglo XX, España no se había recuperado del golpe a su influencia en la política internacional, así como de la crisis política y económica que supuso el conocido como Desastre del 98. Por medio del Tratado de París, firmado aquel año, España abandonaba sus demandas sobre Cuba, quien declaró su independencia, en tanto que Filipinas fue oficialmente entregada a los Estados Unidos por veinte millones de dólares; del mismo modo, Guam y Puerto Rico se convirtieron también en propiedades de la potencia norteamericana. Por otro lado, al año siguiente y en virtud del Tratado germano-español, nuestro país vendería por veinticinco millones de pesetas sus últimas posesiones en Oceanía —Islas Carolinas y Marianas— al Imperio alemán.

Tras la debacle colonial, España buscó una mayor presencia en el norte de África, logrando en el reparto colonial efectuado en 1904 y en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, el control sobre la zona norte de Marruecos, precisamente la más conflictiva. Fue en julio de 1909 cuando las cabilas o tribus rifeñas llevaron a cabo el ataque a los obreros del ferrocarril de San Juan de las Minas, que uniría Melilla con los yacimientos de Beni Buifrur, dando lugar a una sangrante guerra en tierras africanas.

En verdad, el año 1909 no solo fue bastante convulso en nuestro país —recordemos el gran terremoto de Madrid, así como la grave epidemia de tifus en Sevilla, ambos acaecidos en primavera—, sino que, en la lejana Rusia de los zares, maltrecha tras el desastroso balance de la guerra ruso-japonesa, se gestaba una transformación de dimensiones sin precedentes. A la vez que aquel conflicto significaría el fin de la expansión rusa en Extremo Oriente y la reanudación de la rivalidad entre Rusia y Austria-Hungría respecto al polvorín balcánico, en 1905 tiene lugar toda una revolución social y política, originada a partir de la represión violenta, el 9 de enero en San Petersburgo, de una manifestación de trabajadores conducidos por el sacerdote Georgy Gapon, quien portaba una petición —acción considerada ilegal— para el zar.  Como consecuencia, A finales de 1905, Nicolás II se vio obligado a publicar el llamado Manifiesto de Octubre, en el que se comprometía a implantar un orden político reformado y a conceder los derechos civiles básicos a la mayor parte de los habitantes de su imperio. Las nuevas leyes fundamentales establecieron una Duma estatal legislativa, similar a un Parlamento, aunque se limitaba su autoridad en una serie de aspectos significativos. Los sindicatos y las huelgas fueron legalizados, pero la policía obtuvo amplios poderes para supervisar las tareas sindicales y para prohibir aquellos sindicatos que participasen en actividades políticas ilegales. Se garantizó una mayor libertad de prensa, pero, en la práctica, esta quedó sometida a un acoso constante.

En tal contexto, nacería en enero de 1909 en Tomsk, ciudad de Siberia, Tatiana Avenirovna Proskouriakoff. El nombre de Tatiana —cuyo hipocorístico es Tania—, de claro origen ruso, proviene de Taciana y suele aparecer con frecuencia en la religión ortodoxa, ya que así se llamaba una mártir cristiana del año 225. Su popularidad también se debía en gran parte a la novela en verso del escritor Aleksandr Pushkin, Eugenio Oneguin, cuyo protagonista se enamora de Tanya Larina. Hoy es nombre bastante común en Europa y América del Norte.

Tatiana Avenirovna Proskouriakoff

Con el tiempo y con un tesón y capacidad de trabajo admirable, Tatiana Proskouriakoff llegó a convertirse en una eminente epigrafista, arqueóloga y etnóloga especializada en la civilización maya. Fue investigadora de referencia en el campo de la escritura de ese pueblo milenario de Mesoamérica, al demostrar, entre otras cuestiones, que las inscripciones de Piedras Negras y Yaxchilán relataban sucesos históricos y vidas de personajes reales, y no únicamente mitos o descripciones calendáricas. ​También aportaría un sistema de datación de monumentos basado en la morfología y estilo escultórico de las piezas. Por otro lado, es reconocida por sus trabajos iniciales como dibujante de yacimientos arqueológicos, siendo pionera, junto con el fotógrafo e ilustrador portugués Carlos Vierra, en el “dibujo de reconstrucción” de grandes estructuras arquitectónicas.

Volviendo a sus orígenes, diremos que la familia de Tania no era nada convencional. Su abuelo, profesor de ciencias naturales, investigaba la arqueología siberiana, en tanto que el padre, Avenir Proskouriakoff, era químico e ingeniero. Su madre, Alia Nekrassova, doctora en medicina, fue una de las primeras mujeres que obtuvieron tal titulación en su país. En 1915 el gobierno eligió al padre de Tania para supervisar una fábrica en Philadelphia (EEUU) de las armas que Rusia importaba. La familia se mudó en 1916 a los Estados Unidos, siendo aquella ciudad su residencia permanente en los siguientes años, ya que la Revolución hizo que no volvieran a su país. En 1923 obtuvieron la nueva nacionalidad. Allí Tatiana estudió arquitectura, una carrera con muy escasa representación femenina, y se graduó en 1930 por el Pennsylvania State College. No obstante, a pesar de haber sido una estudiante sobresaliente, las consecuencias de la crisis del 29 en el sector de la construcción, la llevó a ganarse la vida como dependienta en unos grandes almacenes. Posteriormente, consiguió un empleo temporal como dibujante de patrones de punto de cruz. Algunos de los motivos que debía plasmar a pequeña escala estaban en el Museo Universitario de Filadelfia, al que acudía con frecuencia. El arqueólogo Linton Satterthwaite, entonces director de investigación del museo y experto mayista, quedó sorprendido por la calidad del trabajo de Proskouriakoff y la empleó a su cargo, pero sin remuneración. No obstante, la invitó a unirse a su expedición de 1936 a Piedras Negras, en Guatemala, yacimiento principal de la civilización maya. Sería la única mujer en el proyecto. A Tatiana le encomendaron recopilar datos y realizar dibujos arquitectónicos del lugar. Al año siguiente, Tania volvió a participar en otra expedición al mismo sitio; al regreso de aquel segundo viaje, Satterthwaite pidió a Proskouriakoff que realizara un dibujo de reconstrucción de la llamada Acrópolis de Piedras Negras, con el objetivo de entender cómo podía haber sido en sus años de esplendor. A partir de ese momento, otro mayista consagrado, Sylvanus Morley, empleado en el Instituto Carnegie de Washington, quedó muy impresionado por su capacidad de mirar una estructura en ruinas, imaginar cómo pudo ser antes e ilustrarla con total precisión. A pesar de que la Institución Carnegie aún no había establecido ninguna vinculación formal con ella, Morley consiguió que Proskouriakoff viajara en 1938 a realizar dibujos de reconstrucción a Copán, Honduras, y Chichen-Itzá, México. Todos los dibujos de reconstrucción de grandes monumentos, plazas, edificios, y otros sitios importantes del área maya que Tatiana realizara en aquella época se compilarían en An Album of Maya Architecture, cuya publicación se demoró hasta 1946 por la guerra.

En 1940, el talento y duro trabajo de Tania se vieron recompensados con un trabajo remunerado a tiempo completo en la Institución Carnegie, donde también fue reconocida por primera vez como topógrafa y miembro del equipo de arqueología, no solo como dibujante e ilustradora, lo que representó un importante avance en su carrera profesional. Allí se emplearía hasta 1958. Poco a poco, la actividad de Proskouriakoff como epigrafista y arqueóloga comenzó a superar a la de artista.

Desde 1938, Tania trabajó en un sistema de datación de los monumentos mayas, interés surgido, al parecer, a partir de una discusión con Morley sobre la fecha de construcción de un monumento. Así surgió un método mucho mejor de datación que los empleados hasta entonces. Dicho sistema se publicaría en 1950 en la obra A study of classic Maya sculpture.

A partir de 1943, Tatiana se aplicó asimismo a la interpretación de los glifos (signos grabados en roca) de Piedras Negras y Yaxchilan, trabajo que contribuiría al proceso de desciframiento de la escritura maya. Proskouriakoff trabajó sobre la hipótesis de que los treinta y cinco monumentos de Piedras Negras estaban distribuidos de manera sistemática y no aleatoria. Este descubrimiento la hizo merecedora de la medalla Alfred Kidder Vincent de la Sociedad para la Arqueología Americana 1962.

En 1958 Tatiana Proskouriakoff, que para entonces era ya una reputada mayista, fue contratada como conservadora de arte maya en el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard, donde permaneció hasta su jubilación en 1977. Ese año recibió un Doctorado Honoris Causa por la Tulane University de Nueva Orleans. En 1971 ya había sido reconocida como Mujer del Año en la Pennsylvania State University. En 1984 sería galardonada con la Orden del Quetzal, máxima distinción honorífica que otorga el gobierno de Guatemala. Solo un año después, Tatiana moriría a los setenta y seis años de la enfermedad de Alzheimer. Dejó inconclusa su obra Maya History, que Rosemary Austin, de la Universidad de Texas, editaría y publicaría en 1993. Las contribuciones de esta obra al conocimiento de la cultura maya –arqueología, desciframiento de su escritura y comprensión de la historia e instituciones– cambiaron radicalmente nuestra comprensión de los mayas antiguos. Desde 1998, las cenizas de Tatiana Averinovna Proskouriakoff descansan enterradas en la Acrópolis de Piedras Negras.

Finalmente, considero esencial mencionar, si bien brevemente, a otra gran investigadora, algo posterior, ya que fue a través de su figura la manera en que he llegado al conocimiento de Proskouriakoff. También se trata de una eminente epigrafista e iconografista de la cultura maya: Linda Schele (1942 -1998). Schele desempeñó un papel esencial en el proceso de desciframiento de la escritura maya. Dibujó gran número de estelas y de inscripciones de los mayas precolombinos, dibujos que, conforme a sus deseos, han sido legados a los expertos y estudiosos del tema para su estudio continuado. En 1978 fundó un curioso y original evento anual en la Universidad de Texas en Austin conocido como las Reuniones Mayas. ¿Quién dijo que la Arqueología es aburrida?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *