EL PÁNICO ESCÉNICO DE LOS PIANISTAS

Por: José Marcos Gamarra


La preparación de Rosa, una típica estudiante de piano del conservatorio de música, fue ardua y demandó muchos sacrificios. Durante seis meses, estudió su repertorio de piano durante ocho horas al día y hoy es su recital. Todo el trabajo de meses se verá reflejado en cuarenta y cinco minutos de música. La sala está llena con los ánimos al tope y tan solo quedan cinco minutos para salir al escenario. De repente y de manera súbita, aparece una idea poco alentadora en la mente de Rosa: “Que pasa, si me equivoco al tocar”. Esta idea rápidamente es desplazada a otra más aterradora: “Si me equivoco,   la crítica especializada va a ser dura con sus comentarios y con ello dañar mi carrera como futura profesional”. El nerviosismo que se suele sentir antes de un típico recital de piano comienza a transformarse en angustia. Los latidos del corazón de Rosa se aceleran y sus manos comienzan a temblar. Su respiración aumenta, así como la transpiración de sus manos. En instantes aparece la idea de no subir a tocar el piano frente al público. Es en este preciso momento, donde Rosa es atacada por un mal que afecta de vez en cuando a los artistas antes de subir al escenario: El pánico escénico.

Este mal es un tipo de trastorno de ansiedad que sufren algunas personas y se caracteriza por la sensación de miedo y terror intenso generado por la idea de un peligro inminente. A diferencia del pánico objetivo que sufren las personas por una amenaza real, el trastorno de pánico es generado por una idea que se presenta en una situación muy particular, como lo descrito en el caso de Rosa. Pero, porque se da este tipo de pánico en una persona. Dentro de los factores desencadenantes se encuentran: La personalidad, los sucesos desagradables, la educación familiar y los trastornos de personalidad.

Las personas introvertidas, poco sociables y con una inteligencia interpersonal poco desarrollada, tienen pocas experiencias en los recitales con público y a sala llena, pues estos momentos difieren completamente de sus prácticas personales. Los sucesos desagradables juegan también un papel importante en la formación de un artista. Es frecuente encontrar que el pánico escénico, es la consecuencia de un suceso muy desfavorable que dejó marcado a un pianista en el pasado sobre los escenarios. Por lo general, este suceso lleva el nombre técnico de trauma psíquico y aleja a la persona del ambiente en donde este suceso desagradable se instauró. La educación familiar contribuye desgraciadamente también a este tema al promover actitudes de no exposición a situaciones sociales de manera gratuita, como, por ejemplo, cuando a un niño se le enseña que nunca debe meterse en una conversación si no se sabe del tema. Otra manera de programar de manera negativa a los infantes es a través de mensajes como: “Que nunca nadie diga nada de ti” o “ten cuidado siempre de lo que dices” lo que condiciona a tener esquemas rígidos, estrictos y poco flexibles que la llevan a tener mucha ansiedad en sus acciones. Los trastornos de personalidad también juegan un papel importante en esta alteración de los ánimos. La obsesión, ideas repetitivas en la mente de la persona y la compulsión, conductas que nacen a partir de estas ideas, nacen gracias a las rutinas altamente demandantes dentro del ámbito académico y la necesidad creada por los mismos intérpretes sobre el control en una obra musical. Este control se irradia también sobre las rutinas de estudios, horarios, tiempos y en general la vida completa del afectado por la necesidad antes mencionada: el control. Parte del problema son las creencias irracionales que son como dogmas de vida muy rígidos que alteran el bienestar psicológico. Un ejemplo de una creencia irracional establecida en la mente de un pianista obsesivo-compulsivo es: “Yo debo de tocar a la perfección porque de ello depende mi futuro profesional”. La sola idea de perfección absoluta sobre el escenario puede generar ansiedad en más de uno.

Existen muchas formas de tratar el pánico escénico. Dentro de las más conocidas en psicología, está la terapia racional emotiva cognitiva de Albert Ellis que consiste en modificar las ideas irracionales del afectado antes de subir al escenario. No se pueden cambiar los acontecimientos, pero si lo que se piensa sobre ellos. Modificando la idea que genera la ansiedad, se cambiará la respuesta y con ello la performance. La segunda manera de tratar el pánico escénico es la exposición gradual al estímulo que consiste en tocar primero ante una persona, luego ante dos y así ir subiendo el número de oyentes no solo en cantidad sino en el nivel de vínculo con el arte. Lo ideal es poner primero a un público no académico y luego a uno especializado. De esta manera, la ansiedad se puede ir manejando muy bien. Otra manera de tratar el pánico escénico, es la exposición al error. El cuerpo muchas veces reacciona antes que la mente dentro de una situación en donde existe la probabilidad de que se cometa un error (sudoración, palpitaciones). La idea es vivir y experimentar tantas experiencias de exposición que al evidenciar que la mayoría de las veces no ha pasado nada, el cuerpo aprende que no es necesaria tanta actividad corporal, pues es en vano.

Existen otros parámetros que pueden ser inducidos por los maestros. Comparto algunos de ellos desde mi experiencia musical. La elección del repertorio es clave para disminuir la ansiedad del intérprete. Se deben de priorizar, obras de alta flexibilidad y cierta libertad en el tiempo (rubato) como las obras dentro del período romántico y obras con un desarrollo predecible. Este tipo de obras, por lo antes expuesto, así como obras del estilo minimalista por sencillez en su desarrollo, deben formar parte del repertorio inicial de un pianista que sufre de ansiedad sobre el escenario. Luego, se puede variar el repertorio con música del período clásico y más adelante a obras del barroco por su alta complejidad en sus formas (tocatas, fugas, suites). Otro punto importante, a mi juicio, es la elección de la textura para el repertorio. Se debe dar prioridad a la melodía acompañada en un inicio siguiendo con la homofonía ( homorritmia) para luego dar paso a la polifonía y finalmente, a la heterofonía por su la alta complejidad de movimientos en las voces que componen su textura. Las formas musicales asociadas a ciertos autores tienen también a mi parecer un orden de exposición: Los preludios de Bertini o Gurlitt deben de estar primeros en todo repertorio musical. Los rondos y sonatinas de Kuhlau y Clementi, el álbum de pequeños estudios de Burgmüller, las obras de los álbumes de la juventud de Schumann y Tchaikovsky puede ser parte inicial en un repertorio básico que busca experiencias en el escenario. Luego, estas formas dan paso a otras de mayor madurez como sonatas de Haydn, Mozart y Beethoven. Chopin puede entrar de manera paralela con sus mazurkas y preludios para dar paso a sus impromptus, valses, baladas y otras composiciones de alta complejidad. Finalmente, un repertorio compuesto por un 80% de obras conocidas en contrapeso, con un 20% de obras nuevas, pueden otorgar   cierta tranquilidad y reducir el nivel de ansiedad por el conocimiento del material musical dentro del concierto. Quizá todo esto ayude a disminuir la ansiedad de Rosa en su futuro recital de piano.

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