EL ESPÍRITU DE HILMA

Por: Tomás Sánchez Rubio

Este pasado verano tuve la oportunidad de ver Personal Shopper, película francesa de 2016 protagonizada por Kristen Stewart y Lars Eidinger. Diremos que se trata de un thriller psicológico con tintes de terror. El argumento no es nada complejo pero sí original:  Maureen es una joven estadounidense que trabaja en París como «asistente en compras» de una actriz de fama, Kyra. Aunque no le gusta su labor, ha sido lo único que ha encontrado para pagar su estancia en la capital del Sena. Allí lleva una vida solitaria y a veces opresiva, añadiéndose que su pareja, Ingo, se halla en Omán por razones de trabajo. Ya sabéis que el término al que alude el título de la cinta se refiere a aquella persona que asesora o ayuda a sus clientes en la elección y adquisición de objetos de diverso tipo, especialmente ropa. Si el contratante posee una apretada agenda, ni siquiera es preciso que acompañe a su asistente durante las compras ─como es el caso de la protagonista─.  Por otro lado, la joven Maureen, como su hermano gemelo recientemente fallecido, Lewis, posee una capacidad especial para comunicarse con los espíritus. En un momento dado del filme, angustiada en su soledad, ella comenzará a recibir en su móvil extraños mensajes anónimos… Para completar la ficha técnica de la película Personal Shopper, se hace preciso añadir que su realizador y guionista es el veterano y solvente Olivier Assayas, quien con aquella consiguió en 2016 el premio al mejor director ─ex aequo con Cristian Mungin─ en el Festival de Cannes. Ya en 2012, Assayas había ganado el premio Osella al mejor guion en Venecia por el drama Après mai. Por su parte, la actriz Kristeen Stewart ya había conseguido, bajo las órdenes del mismo director, el premio César a la mejor intérprete femenina de reparto por Clouds of Sils Maria, de 2014.

Volviendo a la película que nos ocupa, en ella destaca la especial atracción que siente la protagonista por la artista plástica Hilma Af Klint, más concretamente por su faceta de aficionada y practicante de las ciencias ocultas.

Hilma Af Klint nació en Solna, municipio integrado en el área metropolitana de Estocolmo (Suecia), un 26 de octubre de 1862, falleciendo, por accidente de tráfico, en Danderyd, el 21 de octubre de 1944. Sus restos reposan actualmente en el cementerio de Galärvarvs. Hilma fue una artista especialmente conocida como pionera del arte abstracto. Hija de un militar de alta graduación, desde 1882 a 1887 asistió a la Real Academia Sueca de las Artes, uno de los pocos centros que admitían a mujeres de toda Europa. Allí aprendió las técnicas que le permitieron trabajar como retratista y paisajista guiándose al principio por la estética academicista-naturalista por entonces imperante. Unos años más tarde, la propia Academia les proporcionó un estudio a Hilma y otros dos compañeros en el barrio artístico y bohemio de Estocolmo, el Kungstraedgarden, para que desarrollaran su talento.  No obstante, la genial pintora fue evolucionando hasta crear sus primeros cuadros no figurativos en 1906, antes que Wassily Kandinsky, considerado hoy en la Historia del Arte como el primer pintor abstracto, pero que hasta 1911 no publicaría De lo espiritual en el arte, Piet Mondrian o Kazimir Malevich. Sin embargo, los cuadros abstractos de Af Klint no serían conocidos hasta 1986, ya que, por expreso deseo de la artista, en sus últimas voluntades solicitó que sus obras no fueran expuestas tras al menos veinte años después de su muerte, ya que consideraba que su pintura no sería bien acogida en su época. Nunca participó en exposiciones ni otros eventos.

Cabe destacar para comprender su trayectoria artística y vital, que Af Klint sentía una especial atracción por el esoterismo, acrecentada tras la triste muerte de su hermana de diez años por gripe en 1880. Se iniciaría en el espiritismo tras una aproximación a los rosacruces, la antroposofía o la teosofía, movimiento éste que también atrajera a Kandinsky y Mondrian. En 1896, junto a otras cuatro amigas, formó un grupo llamado Las Cinco, que practicaba la escritura y la pintura automáticas ─como posteriormente harían los surrealistas─ a partir de sesiones de espiritismo. La pintora crearía pues sus nuevas obras, sobre todo a partir de 1906, como manera de plasmar las experiencias supraterrenales que afirmaba percibir. Por el especial enfoque del tema, recomiendo vivamente el artículo de Marco Pasi, investigador de la Universidad de Ámsterdam, titulado «Hilma af Klint, el esoterismo occidental y el problema de la creatividad artística moderna».

Según se acepta generalmente, el espiritismo como doctrina había tenido su origen en Francia a mediados del XIX, siendo su sistematizador o máximo exponente el profesor, traductor y escritor Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido por Allan Kardec (1804-1869). Esta doctrina establece como principios la inmortalidad del alma, la relación entre espíritus y mortales, así como una serie de leyes morales según las enseñanzas dadas por seres superiores a través de diversos médiums. Tal corpus doctrinal fue presentado por Kardec en el llamado Libro de los espíritus, publicado en 1857.

Así pues, la Europa de finales del XIX era un hervidero donde el interés por las ciencias ocultas y el esoterismo encontraba mil formas de manifestarse, y donde las propias fronteras entre ciencia, arte y ocultismo se hacían con frecuencia difusas. El espiritismo concretamente ejercerá una fuerte atracción sobre una serie de intelectuales y artistas de reconocidos méritos y una gran sensibilidad. Todos ellos, con circunstancias familiares parecidas por cuanto, al igual que Hilma Af Klint, habían perdido a una persona muy cercana y querida. Tal es el caso, por ejemplo, del dramaturgo y novelista Víctor Hugo (1802-1885), cuyas experiencias espiritistas se evocan precisamente en la película Personal Shopper de la que hablamos al principio. Su interés comenzó a raíz de la pérdida de su hija mayor Léopoldine: Su barca volcó en el Sena en Villequier en septiembre de 1843. Tenía diecinueve años y se encontraba embarazada de tres meses; sus amplias enaguas al empaparse se hicieron muy pesadas y la hundieron. Su marido, Charles Vacquerie, también murió tratando de salvarla. Parece ser que durante el exilio en la isla británica de Jersey por sus diferencias con el régimen de Napoleón III, Hugo celebró una serie de sesiones donde, según referencias contemporáneas, entró en contacto con los espíritus de distintas personalidades históricas.

Debemos mencionar, asimismo, el caso de Harry Houdini (18741926), cuyo verdadero nombre era Erik Weisz, cambiándoselo posteriormente por Erich Weiss al emigrar a Estados Unidos. Houdini fue un célebre ilusionista y escapista austrohúngaro nacionalizado estadounidense. Siendo un muchacho estuvo a punto de morir ahogado en el río Fox, en Appleton, Wisconsin. A partir de ese momento, quizá desarrollara una especial sensibilidad por todo lo que tuviera que ver con el “más allá”. De hecho, siendo ya un artista consolidado, dedicó tiempo y dinero a comprobar si los espíritus eran capaces o no de comunicarse con los vivos… A la muerte de su querida madre, Cecelia, Houdini fue de médium en médium tratando de encontrar un canal con el que poder hablar. No tuvo éxito, naciendo así su particular cruzada contra espiritistas y crédulos, que lo llevaría incluso a debatir el tema –pero también a desarrollar una buena amistad– con sir Arthur Conan Doyle, célebre novelista y médico escocés, creador del personaje literario de Sherlock Holmes, y uno de los más conocidos investigadores y defensores de los “fenómenos psíquicos” de su tiempo. A su vez, respecto a Arthur Ignatius Conan Doyle (1859-1930), se dice que ya para los años comprendidos entre 1885 y 1888, aparte de comenzar a practicar la telepatía, el autor participaba en sesiones espiritistas donde se practicaba mediante el procedimiento del movimiento de un vaso bocabajo sobre la mesa en que, las puntas de los dedos de los participantes puestos en el borde del fondo, el mismo va mostrando los mensajes del más allá al marcar las letras del abecedario previamente trazado en la madera. Recordemos que por aquellas fechas ya existían las conocidas como tablas ouija; concretamente, una patente registrada en mayo de 1880 declara al estadounidense Elijah Jefferson Bond su inventor, apareciendo como titulares Theresa Maupin y Charles W. Kennard.

Sea como sea, lo cierto es que para Conan Doyle, la práctica en serio del espiritismo empezaría para el escritor cuando, enrolado como soldado en la Primera Guerra Mundial, recibe la noticia de la muerte de su hijo menor, Kingsley, aquejado de pulmonía. Entonces el escritor procuró buscar una respuesta no en la ciencia, que no había podido salvar a su hijo, sino en el espiritismo que podía concederle la posibilidad de comunicarse con él. Los últimos años de su vida, el autor los dedicó a promover el estudio y la práctica del espiritismo, dando conferencias sobre el tema a un lado y otro del Atlántico. En Londres, mantuvo durante mucho tiempo un museo de la doctrina espiritista y una librería que se especializaba en literatura de índole ocultista.

Veo adecuado, para terminar esta breve revisión del tema a partir de la figura de Hilma Af Klint, recordar que en España el desarrollo del espiritismo fue muy unido a las figuras de algunas mujeres excepcionales. Me referiré a Amalia Domingo Soler. Sevillana autodidacta, a pesar de su vista precaria, ejemplifica la mezcla de religiosidad y compromiso con los derechos de la mujer que caracterizó a muchas espiritistas europeas. Se afincó en 1876 en Barcelona, donde diciéndose inspirada por el alma del padre Germán, comenzó a escribir cuentos, ensayos y poemas ─siéndole el primero publicado a los dieciocho años─, para posteriormente dirigir la revista La Luz del Porvenir, donde solo escribirían mujeres. En 1891, junto a la anarquista Teresa Claramunt y la masona Ángeles López de Ayala, Amalia fundaría la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, la primera asociación feminista de España, radicada en el centro espiritista del Raval.

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