ALBERT BIERSTADT, EL PINTOR DEL OESTE AMERICANO

El Atril

Por: Isabel Rezmo

Las pinturas y fotografías de quienes se adentraron en el s. XIX en el Oeste de Estados Unidos para representar o captar sus paisajes y las formas de vida de los indios no han sido suficientemente divulgadas en Europa, y las que se conservan en los museos de nuestro continente tampoco suelen ser demandadas en aquel país por cuestiones de distancia.

Albert Bierstadt, representa uno de aquellos fotógrafos y pintores que dejaron testimonio de las formas de vida, la vestimenta y las creencias de los indios americanos antes de que un programa colonizador e ideológico acabara con ellos. Entre ellos destacan Karl Bodmer, George Catlin, Edward S. Curtis, Henry Lewis o Carleton E. Watkins. Sus obras contribuyeron a que germinase en Occidente una visión romántica y tópica de su cultura y su relación casi de hermandad con la naturaleza, una visión que quedaría en parte rota por el cine que mostró los últimos días de los indios desde el punto de vista de los ocupantes de su territorio.

En edfinitiva, Albert Bierstadt  resultó muy influyente en la imagen que los propios estadounidenses tienen del Oeste de su país. El artista estadounidense nacido en Alemania introdujo el oeste americano en el mundo con sus majestuosos paisajes a mediados del siglo XIX.

Ningún otro artista ha capturado los paisajes de Estados Unidos tan majestuosa o dramáticamente como Albert Bierstadt. Su trabajo se popularizó a finales de la década de 1860 y hasta la década de 1870, cuando terminó la Guerra Civil y se inició la industrialización. A medida que el paisaje del país cambiaba, el trabajo de Bierstadt mostraba las escenas más románticas y arrolladoras de Norteamérica, desde picos montañosos escarpados hasta calas vírgenes bordeadas de pinos.

VIDA Y OBRA

Albert Bierstadt nació el 7 de enero de 1830 en Solingen, originalmente Prusia y ahora parte de Alemania, pero creció en la ciudad ballenera de New Bedford (Massachusetts). Siempre tuvo afición por el arte, desde una edad muy temprana y se inspiró en los paisajes costeros cerca de su hogar. Cuando tenía 23 años, regresó a Europa y estudió en la Academia de Dusseldorf, donde aprendió las técnicas de pintura al aire libre, llenas de detalles y grandes paisajes. A su regreso a Massachusetts cuatro años más tarde, se convirtió en profesor de arte y pintor a tiempo completo.

 En  Düsseldorf  tomó contacto con otros pintores norteamericanos como Emanuel Leutze y Worthington Whittredge. Con Whittredge viajó por tierras alemanas, suizas e italianas y tomó gran cantidad de apuntes para los cuadros que, a su vuelta a los Estados Unidos en 1857, expuso en la National Academy of Design, institución de la que poco tiempo después fue elegido miembro honorario.

Se unió a la Escuela del río Hudson, formado por un grupo de pintores con sede en el Valle de Hudson, en Nueva York, que representaba escenas pastoriles idílicas del paisaje natural. Deseando escenas más dramáticas, viajó hacia el oeste a fines de la década de 1850 y la década de 1860 y sus pinturas realmente mostraron una gran parte del país a los estadounidenses.

Estos vastos paisajes le valieron elogios, incluida la elección para la Academia Nacional de Diseño y múltiples exposiciones. En 1865, vendió «The Rocky Mountains, Lander’s Peak» por 25.000 dólares (más de 265.000 euros de hoy en día). Su renombre se extendió hasta Europa y expuso varias obras en Londres de forma privada a la Reina Victoria.

En 1859 participó en la expedición del coronel Frederick W. Lander, que pretendía abrir una nueva ruta hacia el océano Pacífico. Tomó apuntes de las Montañas Rocosas y realizó fotografías estereoscópicas de los nativos. Aunque no fue el primer pintor en representar estas montañas, sus nuevas pinturas le llevarían a la fama, primero en New Bedford, y poco más tarde en Nueva York. Su aprendizaje europeo y su experiencia en la pintura del paisaje montañoso alpino influyeron en su manera de percibir las montañas americanas que se llegaron a conocer como los «Alpes americanos».

El segundo viaje de Bierstadt hacia el oeste comenzaría en 1863 acompañado por Fitz Hugh Ludlow, un famoso escritor que después publicaría la historia de esta aventura en El corazón del continente. En esta segunda ocasión visitó la costa del Pacífico, el valle de Yosemite y parte del estado de Oregón. Los apuntes del natural tomados en este viaje serían básicos a la hora de concebir sus pinturas más ambiciosas.

Junto con su esposa viajó de nuevo a Europa en 1867, y expuso algunas de sus pinturas más famosas en Londres. A su vuelta, ambos fueron a San Francisco en el recién estrenado ferrocarril y visitaron de nuevo el valle de Yosemite que tanto le había impresionado en su anterior viaje. A lo largo de su vida, Bierstadt viajó también al parque de Yellowstone, Alaska, las Montañas Rocosas canadienses e incluso a los trópicos.

Las obras de Albert Bierstadt inspiraban el interés por viajar al oeste americano y Bierstadt fue invitado a menudo a realizar exposiciones desde el valle de Yosemite al Gran Cañón. En sus exposiciones, durante los años 1860 y 1870 se exhibieron lugares como las Montañas de Sierra Nevada, las Montañas Rocosas, el Parque Nacional de Yosemite, el Lago Tahoe, así como la costa de Nueva Inglaterra y los Alpes suizos.

La enorme fama de que disfrutó durante gran parte de su vida disminuyó paulatinamente ante la nueva corriente pictórica impresionista que comenzaba a difundirse en Norteamérica.

Después de que su esposa enfermara en 1876, Bierstadt se mudó a las Bahamas con ella durante casi 20 años. Todavía viajaba para realizar exposiciones de pintura, pero su trabajo comenzó a declinar en popularidad. Fue criticado por la naturaleza cada vez más dramática de sus paisajes, especialmente los efectos de luz y los colores exagerados. Murió en el más absoluto olvido el 18 de febrero de 1902, dejando atrás una prolífica obra de cientos de pinturas del paisaje de Norteamérica

  No fue hasta finales del siglo XX cuando revivió el interés por su trabajo, y hoy en día las pinturas de Bierstadt se encuentran en algunos de los lugares más destacados del mundo, como la Casa Blanca, el Museo Smithsonian de Arte Americano, The Met y la National Gallery. Es célebre por sus grandiosas representaciones del oeste americano, que capturan una visión romántica de la gran belleza natural del país aún sin industrializar. En un momento en que viajar por el oeste americano no estaba disponible para el público en general, Bierstadt inspiró a los estadounidenses con la diversidad y majestuosidad de su enorme patria.

Perfeccionó la escenificación de sus pinturas con el uso efectista de la iluminación, del suspense y del atrezzo: cuando en 1863 presentó Las Montañas Rocosas, rodeó el cuadro con su colección de piezas antropológicas indias y en 1864 montó en su cercanía un tableau vivant con indios auténticos que representaba un poblado.

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